Historia de familia

Por Graciela Azcárate

 

La familia Cuello Mainardi. La otra cara de la historia

 

Carolina Mainardi escribe contra la mentira de “la historia oficial”, reconstruye las tramas menos conocidas y más sórdidas de la política nacional, muestra la contracara del exilio antitrujillista y con la temible fuerza de su apellido se convierte en un imperativo moral.

 

La escritora Laura Restrepo visitó el país para presentar su libro “Delirios” premiado por Alfaguara. En la conversación que mantuvo con el público no sólo habló de la “cocina” de esa novela, sino del nudo, ese punto común que es para toda Latinoamérica el núcleo fundacional que representa la familia. 

Con un encanto y una gracia sin igual desmenuzó lo que le pasa a una mujer que envejece con señorío, con lucidez y con integridad. Ella como una gran cantidad de mujeres escritoras no escribe por la fama de la cual se ríe, tampoco escribe para que la quieran, ni siquiera para ganar plata.  José Saramago, Nóbel de Literatura y  Presidente del jurado de Alfaguara  fue quien le entregó el premio, al besarla y felicitarla le preguntó :" ¿Con quién estás saldando cuentas?”.

En la larga conversación que mantuvo con el público, esa mujer bellamente otoñal, explicó que sí saldó cuentas. Con el papá que quería que fuera escritora, con las pasiones y apetencias de uno y las fobias de la otra, con las largas historias inconfesadas de un tío homosexual y una tía bisabuela demente y con el trasfondo delirante de una clase social, de un país como Colombia y una ciudad como Bogotá.

¿Porqué menciono a Laura Restrepo y su novela “Delirios” en una página sobre “Historia de familia?” 

El libro “Vivencias” de Carolina Mainardi viuda Cuello

 Porque al cerrar el libro “Vivencias” de Carolina Mainardi viuda Cuello, sentí que en las dos mujeres y en sus respectivos libros quedaba cifrado  un imperativo moral.

Una necesidad  de saldar cuentas con dignidad. 

Con el pasado, con la vida que les tocó vivir, con el país en donde nacieron, con un régimen que las marcó para bien y para mal,  con unos hijos, con el amor,  con el odio, con las luces y sombras que abarcan una vida.

Si la familia bogotana de clase alta en la década de 1980, da la nota para una radiografía del delirio social de Sudamérica, doña Conina, cuenta con gracejo, con intensidad, con emoción y con fuerza de terremoto lo que fue su vida de noventaitres años en un Caribe de principios del otro siglo.  Y lo que pretende ser un legado para la memoria de los hijos se convierte  en el legado para los dominicanos, de la verdadera historia de un pueblo supliciado y envilecido mil veces.

Carolina Mainardi escribe contra la mentira de “la historia oficial”, reconstruye las tramas menos conocidas y más sórdidas de la política nacional, muestra la contracara del exilio antitrujillista y la decepción del regreso.

Con modestia ofrece un panorama general del exilio y rescata las penas  de quienes se levantaron contra la tiranía y el delirio trujillista de 1930 a 1961.

Su libro es sobre todo un ejercicio de lucidez , no sólo es la historia de su familia Mainardi Reyna, de los Cuello Hernández y los Cuello Perelló sino que abarca la historia de un país, el mosaico de una historia muchas veces tergiversada y escamoteada pero es sobre todo como dice el Dr. Roberto Cassá en el Prólogo de la obra : “La síntesis refulgente  del imperativo intelectual moral de la otra cara de la historia”.

La familia Mainardi Reyna es una familia de origen de Santiago de los Caballeros y eminentemente dominicana.

Pero descienden de un inmigrante italiano que llegó en la década de 1850 a 1860.

Rafael Mainardi, era italiano y llegó de Milán, contratado como técnico azucarero.

Así se llamaba en la década de 1860 el proceso de hacer azúcar. Esta se elaboraba en el trapiche que caía en grandes pailas de cobre para luego convertirlas en melaza. Llegó con un hermano más pequeño, pero este murió muy joven poco después de llegar al país.

Rafael Mainardi conoció en San Cristóbal  a la joven Juana Silva con quien casó y fundó una familia muy conocida y de arraigo regional.

En San Cristóbal nació Rafael María Mainardi, padre de Carolina Mainardi y también su hermana Josefa. 

 Los apellidos italianos

 El apellido Mainardi remite a la tradición italiana en materia de apellidos de la península.

La palabra italiana “cognomen quiere decir apellido deriva del latín “cun nomine”, o sea alguna cosa que acompaña al nombre.

En la antigüedad no se usaban los apellidos, en los tiempos de la Antigua Roma se estableció el uso de la “tria nomina”. Era un conjunto de tres nombres que se descomponían en tres partes:

“Prea-Nomen”: el nombre personal por ejemplo Marco

“Nomen”:  Tullius, Fulvio, Ovidio, es el nombre que indica la “Gens” de pertenencia. Gens es más que la familia, es el clan, o la totalidad de personas que descienden de un mismo origen.

“Cog-Nomen”:  es un sobrenombre relacionado con características personales, utilizado para identificar al individuo, diferenciándolo del resto de las personas de su clan.

Esta era una costumbre de la nobleza, pero en el siglo V el sistema se simplificó y se  eliminó la diferenciación entre nomen y cog-nomen. Este uso se perdió en los inicios de la edad Media, y los individuos eran conocidos por su nombre bautismal.

Fue Venecia, entre el año 1000 al 1200 la pionera en implementar un segundo nombre para evitar las confusiones. Las primeras en utilizar dos nombres fueron las clases nobles y aristócratas,  más tarde la burguesía y los artesanos seguidos de los campesinos. En el siglo XV la mayoría de los apellidos ya se habían formado. No obstante los apellidos se mantuvieron en el ámbito de la oralidad, siendo los notarios los únicos que plasmaban un apellido en el papel.

En el Concilio de Trento, en 1564 se estableció la obligatoriedad de tener un registro ordenado de bautismos con nombres y apellidos, para evitar los matrimonios entre consanguíneos.

De este modo, el sobrenombre o segundo nombre, se vuelve hereditario.

En la actualidad existen unos 330.000 apellidos italianos. La variedad se debe, a que el italiano fue establecido tardíamente como lengua oficial, transformándose los apellidos según el dialecto local. Muchos apellidos establecidos en dialecto, fueron totalmente “canibalizados” al italianizarlos.

Es frecuente que haya determinados apellidos ligados a zonas geográficas o por regiones.  

En Sicilia, en Friuli-Venecia Giulia el tipo  toponímico-étnico es más frecuente que en otras regiones.

En la Lombardía también prevalecen los toponímicos, sobre todo aquellos apellidos que refieren a características geográficas del lugar donde habitaban los antepasados.

En la Emilia Romagna ocupan los primeros lugares los apellidos derivados de nombres de profesiones.

En la Toscana, abundan los patronímicos, en forma recortada, dando lugar a apellidos mono y bisilábicos como Baldi, Berti, Bin, Azzi, Benzi, Betti, Cecchi, Cioni, Fei, Fini, Galli, Ghini, Gianni, Gilli, Mari, Masi, Naldi, Nardi, Nesti, Paoli, Ricchi, Righi, Tani, Zilli.

En el Piemonte es posible encontrar, más que en otras regiones, apellidos derivados de sobrenombres, sobre todo los relacionados en el aspecto físico.

Los apellidos preposicionales o sea formados por una preposición más un apellido,  son muy comunes en el centro y sur de Italia y se encuentran masivamente en Abruzzo.

 El significado del apellido Mainardi

 Don Rafael Mainardi llegó procedente de Milán.

Mainardi es un apellido de gran difusión en el centro norte de la península.

Deriva del nombre medioeval italo- germánico Mainardo. Es importante la figura de Giancarlo Mainardi en el medioevo.

Es un apellido de gran difusión al norte y esporádico en el centro.  La base del nombre es de  origen germánico y de tradición franca como Mainardo, está documentado en esa misma área en el siglo X, como Maginardus o Maghinardus y Mainardus, formado de "magin" fuerza, poder (el pasaje de “magin” a “main” es tanto longobardo como franco y "hardu", duro, fuerte, valeroso, con el significado original  de duro, temible por su fuerza). 

El Abate Benedictino, Jean de Mabillon , Abate de Reims y erudito escribe una nota relativa a la existencia del apellido Mainardi alrededor del siglo V y lo deja registrado como: “de un Conte Mainardo del secol quinto, forse Mainardo/Tomo 7, ivi 419 degli Atti dei SS. Benedettini. E ancora: Maginardi e Mainard del secol quinto e und'essi Vescovo di Mans, pag. 282, 629, Tomo 7 degli stessi atti.

   

En un país postrado económicamente, con las aduanas hipotecadas a la Santo Domingo Improvement Co., con una deuda interior y exterior monstruosa que superaba los 34 millones de pesos, y con unos exiguos ingresos del gobierno que apenas alcanzaban los sesenta mil pesos mensuales,

en ese clima nacieron los ocho hijos del matrimonio Mainardi Reyna.

 El abuelo de Carolina Mainardi Reyna, procedente de Milán, llegó a República Dominicana alrededor de la década de 1850 a 1860, casó con Juana Silva, natural de San Cristóbal.

Los dos hijos habidos de esa unión: Rafael María Mainardi y Josefa Mainardi nacieron en la ciudad de San Cristóbal.

Del matrimonio celebrado entre Rafael María Mainardi y Juana Ramona Reyna nacieron ocho hijos. El momento en que nació Carolina Mainardi y sus hermanos mostraba un panorama político, económico y social por demás incierto y convulsionado.

Desde la muerte de Ulises Heureaux, ajusticiado el 26 de julio de 1899, en una acción dirigida por jóvenes desafectos encabezados por Ramón Cáceres, Jacobo de Lara y Horacio Vásquez, las dificultades económicas y financieras del país habían empeorado, y crecido las deudas por los empréstitos tomados  a las grandes potencias imperialistas: Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

A la muerte de Ulises Heureaux, el país se vio sumido en una lucha entre facciones y caudillos regionales que sumieron al país en el desgobierno y la anarquía. Las luchas intestinas, las montoneras y el caudillaje fueron el sedimento que preparó la intervención norteamericana de 1916 a 1924.

El 15 de noviembre de 1899, después de las elecciones celebradas de acuerdo a la Constitución de 1896, fueron elegidos por un período de cuatro años Juan Isidro Jiménez, como Presidente de la República y Horacio Vásquez como Vicepresidente. El gabinete estaba integrado por el General Luis María Hernández Brea, como Ministro de Interior y Policía; Dr. Fco. Henríquez y Carvajal, en Relaciones Exteriores; Lic. Alvaro Logroño en Justicia e Instrucción Pública; Lic. Leonte Vásquez en Fomento y Obras Públicas; Federico González en Hacienda y Comercio; Eugenio Deschamps, en Correo y Telégrafos y el general Brache en Guerra y Marina.

En un país postrado económicamente, con incertidumbre financiera, con las aduanas hipotecadas a la Santo Domingo Improvement Co., con una deuda interior y exterior monstruosa que superaba los 34 millones de pesos, y con unos exiguos ingresos del gobierno que apenas alcanzaban los sesenta mil pesos mensuales,

en ese clima nacieron los ocho hijos del matrimonio Mainardi Reyna.

Luz Carolina Mainardi Reyna, nació en Santiago de los 30 Caballeros, el 29 de mayo de 1906.

Sus padres eran apreciados tanto en San Cristóbal como en Santiago.

Su padre era agricultor y se dedicó a las labores del campo mientras que su madre era santiaguera, muy apreciada en la comunidad de Santiago por su carácter decidido y emprendedor, por su iniciativa en los negocios a los que se dedicó con pulcritud y honradez.

Su madre Juana Ramona Reyna era la hija mayor de Carolina Reyna. Esa abuela casó luego con Ramón Martínez y nació toda una sucesión de Martínez Reyna. Dos tíos maternos son relevantes en la vida de Carolina Mainardi: José Virgilio y Germán Martínez Reyna.

Virgilio Martínez Reyna fue político, patriota, y poeta. Decidido luchador contra la intervención norteamericana de 1916 a 1924. El presidente Horacio Vázquez creó para él la Secretaría de la Presidencia y fue asesinado junto a su esposa por órdenes de Trujillo en 1930.

Carolina Mainardi era la cuarta de ocho hermanos, en una familia donde los deberes patrios ocuparon un sitio preferencial.

Los tres primeros hermanos llegaron hasta la escuela normal que era en esos momentos la institución más alta en estudios primarios y secundarios previa a la universidad.

Hizo su bachillerato completo en la escuela Normal de Santiago, que dirigía el profesor Ricardo Ramírez. Durante su infancia fue alumna de Ercilia Pepín  en la Escuela de Señoritas y fue una activista contra la intervención norteamericana secundando a sus mayores y a pesar de su corta edad. A diferencia de las jóvenes de su generación que sólo buscaban casarse con un buen partido, ella pidió a sus padres seguir estudios universitarios y se recibió de  farmacóloga en la segunda promoción de Farmacia egresada de la Universidad Nacional Autónoma de Santo Domingo.

En 1928, se casó en Santiago de los Caballeros con el Dr. Leovigildo Cuello Hernández.

Sus hermanos son: Rafael(Fellito)Mainardi Reyna luchador tenaz en la vida política.

Virgilio Mainardi Reyna, abogado, activo luchador antitrujillista.

 Luis Emilio Mainardi Reyna apodado El Moreno, estudió medicina y terminada la carrera se exilió junto a Carolina y su esposo Leovigildo en Puerto Rico. Estudió en Suiza y a su regreso a Puerto Rico casó con Berta Peralta con quien procreó tres hijos: Berta, Luis Emilio y Virgilio Mainardi Peralta.

Víctor (Silín) Mainardi Reyna era el menor de todos los Mainardi Reyna, estudió en la escuela normal, ayudaba al padre en las tareas del campo y se convirtió en el correo del frente antitrujillista. Vivió en Puerto Rico, después pasó a Cuba donde casó con Cucha Méndez, natural de Guantánamo, con quien procreó dos hijos gemelos: Rafael y Víctor Mainardi Méndez. Tomó parte en la expedición de 1959, como segundo jefe del desembarco por Estero Hondo.

Las hermanas mujeres son: Consuelo Mainardi Reyna casó con Guarionex Pichardo. Tuvo tres hijos: Numidia, Enio y Fernado Arturo Pichardo Mainardi.

Ana Antonia Mainardi  Reyna casó con Miguel Velázquez y Hernández. Tuvo cinco hijos de los cuales el periodista Miguel Angel Velázquez Mainardi tiene una destacada  y larga actividad política; Rafael Gregorio alias Rundo está en el Salón de la Fama Dominicana como sofbolista; Eneida Mainardi Reyna casada con Romeo Hernández, quien fue asesinado por Trujillo en Santiago; Josefina Mainardi Reyna casó en Cuba con Ismael Vivanco, con quien tuvo dos hijos, y junto a quienes reside en La Habana; María Luisa Mainardi Reyna casó con Pedro Patxot Vallejo y tuvo dos hijos: Sonia y Jaime Vallejo Mainardi.

De parte del padre Rafael Mainardi Silva tienen un hermano: Pedro Tomás Mainardi quien casó con Gloria Alvarez procreando tres hijos: Tomás, Blasette y Fredy Mainardi Alvarez. 

El preludio del horror

 Si el año 1916 y la Intervención Norteamericana significó “una catástrofe moral para el país” casi de manera mediúnica el Dr. Leovigildo Cuello comprendió lo que significaba la llegada al poder de Rafael Leonidas Trujillo, lo que preludiaba el asesinato  a sangre fría del tío materno de su esposa y desde el comienzo , inexorablemente, se aprestó a combatir desde 1930 y hasta 1961 en que fue ajusticiado el tirano. 

Como bien relata Carolina Mainardi viuda Cuello, en su libro “Vivencias”, fuente y testimonio primordial para la narración de la historia de estas dos familias dominicanas, el año 1916 y la Intervención Norteamericana significó “una catástrofe moral para el país”.

Setentaidós años después de proclamada la Independencia, y a cincuentaiún años del triunfo de la Restauración distintas causas externas e internas concluyeron en  ocho años de ocupación extranjera. Entre las causas determinantes están la formulación de la Doctrina Monroe para fundamentar el exclusivismo norteamericano, la política expansionista de EEUU hacia el Oeste, la política de anexión o protección de EEUU sostenida por los gobernantes dominicanos de la Primera República, la propuesta de arrendamiento de Samaná como punto estratégico, el interés anexionista del presidente Grant durante el gobierno de seis años de Buenaventura Báez, fuertes intereses particulares  de aventureros, corredores y ciudadanos norteamericanos durante la Segunda República y empréstitos realizados por Buenaventura Báez, sobre todo el empréstito Hartmont.o La política del “Gran Garrote” y la “diplomacia del dólar” decidió la intervención no sólo de República Dominicana sino de Méjico, Nicaragua, Cuba, Honduras, Panamá Haití y Puerto Rico.

En el orden interno la creciente deuda asumida por los presidentes Báez y  Heureaux  subordinó la economía nacional a los intereses estadoudinenses.

Los gobiernos débiles de Horacio Vázquez, Carlos Morales Languasco y Ramón Cáceres dieron carácter legal a la intervención  extranjera. La ocupación militar se inició el 24 de noviembre de 1916, y dispuso que todo aquel que no se atuviera al desarme fuera declarado “forajido vulgar” y “fuera de la ley”. Toda resistencia fue catalogada de “bandidaje” y los 8 años de ocupación se caracterizaron por un cambio total en las relaciones de producción, en la tenencia de la tierra y el creciente desarrollo del negocio azucarero y de las centrales con capitales norteamericanos. Atropellos, atrocidades y crueldad fue la tónica general desarrollada por los marines. Muy pronto empezaron a nacer focos de resistencia en cada uno de los países intervenidos como por ejemplo en Nicaragua con el general César Augusto Sandino;  en Haití encabezado por Carlomagno Peralta los llamados “cacos”; en República Dominicana el movimiento de “los gavilleros” en la región Este del país, y el movimiento de resistencia encabezado por el caudillo Desiderio Arias en la Línea Noroeste.

En Santiago, desde la Alianza Cibaeña y encabezada por la profesora Ercilia Pepín y el Dr. Sergio Hernández se organizó la Cruzada Patriótica, en la cual intervenieron intelectuales, profesionales, trabajadores, alumnos y cualquiera que sintiera tocado el orgullo patrio. La familia Mainardi Reyna integró sus ocho hijos a la lucha contra la intervención. Las cuatro mujeres: Consuelo, Carolina, Ana Antonia y María Luisa  fueron de activa participación y las primeras dominicanas en bordar una bandera donada al general Sandino en reconocimiento por su lucha contra la intervención norteamericana en la  región.

La misión Dawes, en 1924 inició la desocupación y puso las bases para el ascenso meteórico de Trujillo en el ejército. El gabinete del presidente Horacio Vázquez  estaba integrado por personas con opiniones e intereses encontrados. Virgilio Martínez Reina, tío materno de los Mainardi Reyna, era Ministro de la Presidencia y responsable de dar respuesta al Plan Dawes, a los desembolsos al ejército y a la desfalleciente economía dominicana. Su opinión adversando a Trujillo abrió el abismo en el cual quedaría sumida la familia Martínez Reyna, Mainardi Reyna y Cuello Mainardi y todas sus ramas familiares colaterales.

Virgilio Martínez Reina  y su esposa Altagracia Almánzar Fernández fueron  las primeras víctimas de Trujillo

Se habían casado en 1925, vivían en San José de las Matas y  Altagracia se hallaba embarazada cuando el día de Reyes de 1930, fueron asesinados a cuchilladas y tiros.

Entre 1920 a 1930 la juventud de Santiago empezó a buscar nuevos derroteros políticos y se fundó el Partido Republicano dirigido por Estrella Ureña. Lo componían su hermano Tavito Estrella Ureña, Alexis Liz, Rafael Bonnelly, Antonio Borrel, algunos horacistas y muchos jóvenes.

Políticamente en Santiago habían dos partidos: el Partido Nacional,  con José Dolores Alfonseca a la cabeza, el más cercano a Horacio Vázquez. Su representante en Santiago era Virgilio Martínez Reyna y sus amigos como Francisco Pereyra hijo, Manuel Ramón Luna, Andrés Cordero entre otros ; el Partido Progresista liderado por Federico Velázquez que se alió con el Nacional con fines electorales y los Republicanos liderados por Estrella Ureña.

Los miembros del Partido Nacional y el Partido Republicano se adversaron, si bien habían sido compañeros intelectuales y compueblanos quedaron irreconciliables  políticamente y sólo se mantuvo la amistad de la juventud.

Entre tanto y en el marco histórico arriba descrito Carolina Mainardi Reyna había casado en 1928, con el Dr. Leovigildo Cuello Hernández. Este descendía del tronco fundado por Leovigildo Cuello  y Ana Josefa Hernández. El padre de Leovigildo Cuello era hijo de Catalina Cuello, hermana de Catalina Grajales Cuello, madre de Antonio Maceo, el libertador de Cuba.

El Dr. Cuello hijo, recién llegado en 1926 de realizar sus estudios de oftalmología en Francia, se había radicado en Santiago y casado con doña Conina. Casi de manera mediúnica comprendió lo que significaba la llegada de Trujillo al poder. El asesinato del tío materno de su esposa le advirtió que llegaban días terribles para el país y su pueblo.

La muerte de Virgilio Martínez Reyna y su esposa Altagracia inició la diáspora de las familias dominicanas. El doctor Leovigildo Cuello salió solo para Puerto Rico, preparando la salida de Carolina y sus dos hijos. Los troncos familiares Mainardi, Reyna, Cuello se desangrarían en el exilio.

Mientras vivió el patriarca de la familia Mainardi Reyna, Rafael María Mainardi  su amistad con el padre de Trujillo desde la época de San Cristóbal los preservó de la debacle. Además Trujillo respetó siempre a doña Juana Reyna de Mainardi. Pero una vez muerto don Rafael todas sus tierras y propiedades fueron confiscadas. La familia que permaneció en el exilio interior vivíó siempre con peligro de su vida,  otros como doña Carolina y el Dr. Leoviglido Cuello fueron a Puerto Rico.

Los hermanos varones se incorporaron todos a la lucha antitrujillista y su hermana Ana Antonia Mainardi de Velázques tuvo que exilarse con sus hijos en 1950, pasó a Puerto Rico y después se radicó en Cuba donde se incorporó al Movimiento 26 de Julio. Años más tarde doña Ana Antonia Mainardi, de la misma manera que  en su adolescencia bordó una bandera para regalarla a Sandino,  aportó a la causa de la libertad cubana y fue reconocida por el comandante Ernesto Che Guevara por su incondicional apoyo a la primera república socialista de América.

Fuentes:

Investigación genealógica, documentos y archivos de la familia Cuello Mainardi.

Cuello Mainardi, Carolina: “Vivencias”Santo Domingo, 1999.

Valentina Peguero- Danilo de los Santos: “Visión general de la historia dominicana”.UCMM, 1983.

Dr.Miguel Angel Velázquez Mainardi: testimonio oral.

 El tronco familiar Cuello Hernández y Cuello Perelló

 El Valle de San Juan de la Maguana, ubicado en el centro mismo de la isla, era una encrucijada cósmica, un eje político y religioso. Una encrucijada espiritual que vio nacer a muchos de sus hijos más preclaros.

 

“Hoy el suroeste está en la periferia de la nación dominicana. Pero en tiempos de los taínos, lo que hoy se conoce como el Valle de San Juan, ubicado en el mismo centro de la isla, era la encrucijada de Quisqueya, su eje político y religioso. En el Corral de los Indios, la reina Anacaona presidía los juegos de pelota y los areítos que duraban a veces días. La religiosidad popular estaba regida por los herederos de la reina Anacaona, desde el valle de San Juan, cerca del Corral de los Indios, en la Maguana Abajo, se dice que la tierra parió a San Juan Bautista, en un punto que llamaban el Hoyo de San Juan, considerado “el Centro del Mundo” o el “Ombligo del Mundo” un eje espiritual que marcó la identidad cultural de toda una comunidad.

Así define la compiladora Martha Ellen Davis en “La ruta hacia Liborio. Mesianismo en el Sur profundo dominicano” una zona con características propias, con profundo  sabor telúrico y resonancias espirituales e históricas.

En ese vasto conglomerado del suroeste donde se bailaban areítos, donde por más de cuatrocientos años se reprodujeron formas arcaicas de trabajar la tierra, donde resuenan los salves y los palos de las cofradías afrodominicanas, en esa mezcla de etnias,  se desarrolla el eje espiritual de una isla y de una región donde nace el tronco familiar del Dr. Leovigildo Cuello Hernández.

Los troncos familiares Cuello Hernández y Cuello Perelló nacen de ese “ombligo del mundo”.

Según el historiador Rodríguez Demorizi el origen de los Cuello se remonta al siglo XVIII, según consta en los archivos del Ayuntamiento de Santo Domingo. Con fecha anterior a 1795 y antes de que España cediera a Francia la mitad de la isla por el tratado de Basilea, figura un negro liberto  con domicilio en la villa colonial de nombre Martín Cuello. De ese tronco proviene Catalina Cuello que engendró al que más tarde sería el Lic. Leovigildo Cuello, con el general español Elías Jimenez, integrante del ejército de ocupación en tiempos de la Anexión entre 1861 a 1865. Es posible que él estuviera antes de esa fecha en la isla porque Leovigildo Cuello nació en 1855. Catalina era hermana de madre de  Mariana Grajales Cuello que emigró a Cuba y fue la madre de Antonio Maceo.

Testimonios de la época y crónicas del Listín Diario afirman que el Lic. Leovigildo Cuello estaba muy orgulloso de su primo cubano a quien conoció y trató.

Leovigildo Cuello nació en 1855 y falleció en 1917.  Casó  con Altagracia Hernández.

Roberto Cassá dice en la semblanza del Dr. Leovigildo Cuello (hijo) que el padre “había salido de la entraña del pueblo pobre, que debió ser “un campesino correcto” de Neyba”.

De ascendencia taína, mezcla de todas las etnias que confluyeron en República Dominicana, nace Leovigildo Cuello padre, un hombre formado a sí mismo, inteligentísimo, de gran rectitud y honradez. De origen humilde sirvió como soldado durante el gobierno de  Ulises Heureaux quien combatía a su opositor el caudillo Cesáreo Guillermo.

Lilis observó su valentía y arrojo en el combate, la destreza en el manejo del machete y trató de premiarlo. Cuando le preguntó que quería, Leovigildo Cuello, padre, pidió aprender a leer y escribir.

De analfabeto se elevó por mérito propio. A fuerza de esfuerzo y tesón llegó a ser un destacado funcionario público.

Fue Primer Procurador Fiscal por San Pedro de Macorís, Miembro de la Corte Suprema de Justicia, Diputado, Senador, Gobernador de varias provincias, Presidente del Senado, candidato a la Presidencia durante el gobierno de José Bordas Valdéz que estaba en las postrimerías de su gobierno.

Fue un prestigioso criminalista en su época en los estrados de justicia de la judicatura dominicana. Ocupó cargos de relieve y jerarquía y cuando murió lo hizo pobre porque nunca usó los cargos públicos para enriquecerse o corromperse.

Al morir dejó como herencia a sus hijos el ejemplo de probidad que fue el norte de toda su vida. El Lic. Cuello fue seguidor de Federico Velázquez, líder del Partido Progresista. Su hijo primogénito lo siguió en esa vía puesto que el velazquismo representaba en su momento la política moderna, que buscaba la transformación del sistema político.

Carolina Mainardi, viuda Cuello, esposa y biógrafa dice que el Dr. Leovigildo Cuello integró concepciones políticas que hoy día serían calificadas de izquierda.

“El temple anti-trujillista ya estaba en germen en el joven velazquista de 1912.”

El Lic. Leovigildo Cuello  casado con Altagracia Hernández procreó tres hijos: Leovigildo (hijo), Joaquín y Rea Cuello Hernández.

Todos sus hijos fueron profesionales graduados que destacaron en la medicina y en las leyes.

Joaquín falleció trágicamente durante el huracán Zenón en 1930, Rea era enfermera y el Dr. Leovigildo Cuello era médico, oftalmólogo y orador político. Pionero como dirigente del exilio antitrujillista, su primógenito fue el Dr. Vinicio Cuello Castillo, fruto de su unión con Altagracia Castillo y a quien los treintaiún años de trujillismo marcaron trágicamente precisamente por ser hijo del Dr. Cuello Hernández.

Del matrimonio celebrado con Carolina Mainardi Reyna procrearon tres hijos, todos médicos: Luis Rafael,  Leovigildo y Jorge.

Al enviudar, el Lic. Cuello  casó en segundas nupcias con Altagracia Perelló.

De ese matrimonio nacieron seis hijos: dos mujeres y cuatro varones.

Entre ellos destacan reconocidos ciudadanos como el Lic. Julio Cuello: abogado civilista, autor de obras jurídicas y de poesía, Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ministro de Justicia en el gobierno de Juan Bosch, en 1963, recordado por su lealtad al presidente después del golpe militar que lo depuso, fue además presidente de la Liga Dominicana de Beisbol.

 El Dr. Pericles Cuello fue médico.

El Lic. Gregorio Cuello, fue un abogado de larga y proba actuación en la ciudad de Santiago. Casó con Colombina Pellerano y es el padre de  Julio y Carmen Cuello Pellerano.

 Juan Pablo Cuello, fue Licenciado farmaceútico. Las dos hijas mujeres fueron maestras de grandes méritos como Nena y Teolinda.

Inés Cuello Perelló casó con Manuel Mella Del Monte y sus hijos son la renombrada pintora Noemí Mella y Manuel Pericles, ingeniero civil.

Teolinda Cuello Perelló casó con el Lic. Manuel Pellerano y sus hijos son: Manuel, Leo y Teresa, monja dominicana de gran reconocimiento por su apostolado religioso en las comunidades campesinas del  sur y en la región fronteriza con Haití.

El último fue Leonardo Cuello de grandes aportes  al deporte y estrella del beisbol. Fue una de las glorias del Licey Base Ball Club. Casó con Teresa Canalda.

El Dr. Leovigildo Cuello, huérfano de madre desde muy pequeño fue criado por doña Altagracia Perelló a quien consideró siempre como su verdadera madre.

Altagraciá Perelló nació en 1877 y murió en 1933.

Es digno de destacar en cuanto a  doña Altagracia Perelló, el origen de esta familia y su apellido.

El Dr. Federico Carlos Alvarez (IDG) escribió en un artículo publicado en “Raíces” revista del Instituto Dominicano de Genealogía un interesante artículo sobre sus inquietudes como aficionado a la genealogía. Cuando cuenta sus raíces familiares y la influencia de sus abuelas,  resalta que desciende por “el lado paterno, de Mauricia Perelló, Rochet viuda Alvarez, quien vivía al lado de mi hogar”.

Describe la genealogía de la familia Perelló y relata que “Pereyó Arabis tiene su origen en la isla de Ibiza, Islas Baleares, (Reino de Cataluña) conforme datos correspondientes del siglo XVIII. Juan Crisóstomo Pereyó Arabis emigra a Santo Domingo a mediados de ese siglo. Posiblemente fue el primer médico de la villa de Baní, donde muere en 1781. Había casado con María Hernández Báez. Por matrimonio se unen las familias Perelló-Andújar. El bisabuelo del Dr. Alvarez es Lorenzo Justiniano Perelló Andújar, quien emigró muy joven a Santiago, habiendo quedado huérfano de padre. Casó con Cipriana Rochet Gómez, falleciendo en esa ciudad en 1887. El tronco Perelló Rochet incluye actualmente, además de las familias Perelló nativas de la ciudad, a las familias Bello, Pellerano, Alvarez, Cuello y Franco con sus respetivas descendencias”.

Como un árbol de la vida se entretejieron los hilos de la sangre y la historia vinculando la sociedad del profundo y místico Sur dominicano, del Cibao y de las islas Baleares fraguando en una personalidad vigorosa y multifacética como la del Dr. Leovigildo Cuello Hernández y sus ramas familiares Perelló- Hernández.

 Fuentes:

Investigación genealógica, documentos y archivos de la familia Cuello Mainardi.

Cuello Mainardi, Carolina: “Vivencias”Santo Domingo, 1999.

 Archivo de la familia de Carmen Cuello Perelló.

Archivo de la familia de Martín Cuello Pereyra.

Archivo de Ququi Córdoba.

 Bibliografía: 

Martha Ellen Davis: “La ruta hacia Liborio. Mesianismo en el Sur profundo dominicano”, Santo Domingo, 2003. 

Cassá, Roberto: “En busca del tiempo del exilio: Semblanza del Dr. Leovigildo Cuello”. Santo Domingo, 1999. 

Federico Carlos Alvarez: “Inquietudes de un aficionado a la genealogía”. “Raíces” Boletín informativo del Instituto Dominicano de Genealogía. Año II- Julio- Diciembre 1994. N•6.

   

 El liderazgo del Dr. Cuello se consagró por su desprendimiento,  su hostilidad a todo personalismo y por la férrea posición de derrocar la dictadura de cualquier manera y a cualquier costo personal.

 

En Puerto Rico, el Dr. Leovigildo Cuello mantuvo una estrecha amistad, con el Dr. Velázquez, que era su viejo líder  y con el que sin embargo mantuvo independencia crítica.

Lo convenció para que fuera a vivir a Ponce, junto a él “ su hijo más activo”,  pues era una ciudad con un costo de vida menor al de San Juan. El Dr. Alfonseca y el Dr. Velázquez Hernández sufrieron enormes penalidades económicas en el exilio y fallecieron poco después. Alfonseca en 1933 y Velázquez en 1934. Este último vivió en Ponce un año gracias al pago, en diez mensualidades de U$200, de su imprenta El Progreso, en que se editaba el periódicao El Progreso, órgano del partido, adquirido por el puertorriqueño Guillermo Vivas Valdivieso, dueño del periódico El Día, única forma en que pudo salvarse de la codicia de Trujillo.

No sólo perdió todos sus bienes a manos de Trujillo, sino que sumido en la pobreza no pudo continuar apoyando los estudios de sus hijos en Francia.

Durante la década de 1930, el exilio dominicano se mantuvo reducido puesto que la mayoría seguía su viaje a New York, donde era más fácil la sobrevivencia.

Sobre todo permanecieron los profesionales que contaron con la solidaridad de formaciones políticas puertorriqueñas que cubrían el espectro político desde los independistas hasta los anexionistas republicanos. Una reducida comunidad de no más de veinte personas estaba integrada por Rafael Ortíz Arseno, sus hijos Arturo y  Zeno, Rafael Barreiro, Lorenzo Redondo, Federico Ellis Cambiaso, Guaroa Velázquez, Dionisio Bernal, Nene Miniño y Miguel Pardo. La gran mayoría contrajeron matrimonio con puertorriqueñas y se integraron a la nueva patria de adopción.

Una de las primeras batallas  librada por el Dr. Leovigildo Cuello, con el apoyo de profesionales e intelectuales puertorriqueños  fue  el reconocimiento por ley, del derecho a ejercer la profesión de médico dada su condición de exilado. Su caso y la victoria del mismo ante el gobierno norteamericano abrió las puertas y benefició a otros profesionales dominicanos. En Ponce, su labor no sólo se refirió a la práctica de la medicina  y a los derechos laborales y profesionales de los exilados sino que se abocó a dictar conferencias entre estudiantes, círculos culturales  y organizaciones obreras que evidencian el alto  grado de maduración de su ideología revolucionaria.

Desde su punto de vista  de médico se opuso a las “Clínicas malthusianas” a fin de reducir la procreación, defendió el derecho de las mujeres a una concepción consciente y desarrolló teorías de igualdad de género constituyéndose en un pionero del feminismo y de las teorías de la lucha de género. La cuestión obrera también despertó sus inquietudes y estudió la historia del movimiento obrero mundial y el experimento de la revolución rusa de octubre. En 1933, hizo propuestas concretas en un discurso pronunciado en  el Taller Benéfico de Artesanos de Ponce, donde promovió la formación cívica de los trabajadores como condición de progreso para el pueblo trabajador.

Su trato asiduo con  los sacerdotes mercedarios de Ponce y luego los dominicos de Mayagüez lo acercaron a los estudios religiosos y bíblicos, presidiendo la Acción Católica Masculina de Puerto Rico.

Ideológicamente, sus principios políticos abrazaron siempre el nacionalismo antiimperialista, negándose sistemáticamente a cualquier intervención de Estados Unidos en forma unilateral y con una comprensión de la dimensión decisiva que tenía en la subsistencia del trujillato  el apoyo norteamericano.

Los esposos Cuello Mainardi, coherentes con el nacionalismo mantuvieron una estrecha amistad con el líder Pedro Albizu Campos. El exilio antitrujillista contó con  el apoyo del los republicanos, las asociaciones obreras, las iglesias, los profesionales y el espectro político y social incluidos los nacionalistas.

Intelectuales como René Jiménez Malaret, la poetisa Julia de Burgos, los hermanos Salvador y Augusto Perea y Juan Antonio Corretjer colaboraron estrechamente con la causa antitrujillista y fueron asiduos visitantes del hogar Cuello Mainardi.

Desde 1939 a 1941 se fue dando el proceso que llevó a la formación del Partido Revolucionario Dominicano, que desde Cuba fue ganando adeptos.

El Partido Revolucionario Dominicano pretendía organizar el exilio, bajo la orientación fundamental de Juan Isidro Jiménez Grullón y Cotubanama Henríquez.

Muy pronto el Dr. Cuello ocupó el liderazgo de la seccional puertorriqueña. En ese momento existían en Puerto Rico sesenta exiliados que participaban en la lucha antitrujillista , 25 de los cuales ingresaron de inmediato al PRD.

El PRD jugó un papel de importancia en la compactación total de exilio, un hecho sin precedentes que se materializó en el Congreso de Unidad en  noviembre de 1944 celebrado en la Universidad de La Habana. Había optimismo con respecto al fin de la guerra  y al surgimiento de un nuevo mundo que imposibilitaría la superviviencia de las dictaduras latinoamericanas.

Los exiliados antitrujillistas de Caracas encabezados por el Dr. Ramón de Lara fueron los más fervientes promotores de la unidad total del exilio en el PRD.

En Cuba, que siempre había dado apoyo irrestricto a los exilados dominicanos se reunieron prominentes personalidades del exilio de Venezuela, Cuba y Puerto Rico.

En 1943, se dio inicio a la unificación con la participación del Dr. Lara, el Lic. Morales, Rafael Mainardi Reyna y el Dr. Cuello entre otros.

En las divergencias surgidas por el liderato entre Juan Isidro Jiménez Grullón y Juan Bosch en lo que se llamó “La guerra de los Juanes” la figura del Dr. Leovigildo Cuello sirvió de equilibrio y concitó el apoyo de la mayoría  porque no albergaba ambiciones presidenciales y tenía la capacidad de cohesionar los más disímiles sectores.

El liderazgo del Dr. Cuello se consagró por su desprendimiento,  su hostilidad a todo personalismo y por la férrea posición de derrocar la dictadura de cualquier manera y a cualquier costo personal.

 Fuentes:

Investigación genealógica, documentos y archivos de la familia Cuello Mainardi.

Cuello Mainardi, Carolina: “Vivencias”Santo Domingo, 1999.

Bibliografía: 

Cassá, Roberto: “En busca del tiempo del exilio: Semblanza del Dr. Leovigildo Cuello”. Santo Domingo, 1999.

 

“ La grandeza de aquellos hombres reunidos en el Congreso de Unidad demostró que ninguno de ellos tenía ambición política personal. Era un frente que tenía por finalidad derrotar la tiranía trujillista, llevar la democracia al pueblo dominicano, vaciar las cárceles de inocentes, mejorar el sistema de cuarteles y estructurar un camino para que el pueblo escogiera lo que mejor le conviniera”.

 

Génesis del Partido Revolucionario Dominicano

En 1939 se funda el Partido Revolucionario Dominicanao. Y así como el exilio antitrujillista se nuclea en Cuba, así se gesta en torno de Trujillo un grupo que ayudó a consolidar ese poder omnímodo. En “Vicencias” de Carolina Mainardi de Cuello, ella cuenta cómo el exilio antitrujillista, la formación y consolidadación del PRD en Cuba tiene nombre y apellido. En República Dominicana los que acompañaron a Trujillo, también tienen nombre y apellido.  Son: Mario Fermin Cabral, los hermanos Rafael y Tavito Estrella Ureña, Joaquín Balaguer, Rafael Bonnelly, Mozo Peinado, Arturo Logroño, Peña Batle, Pipí Troncoso y sus hijos, Martín de Moya, Santana Bonetti, Julio Ortega Frier, Julio Vega, Polibio Díaz, Ramón Emilio Jiménez, Minerva y Felix Bernardino, entre muchos otros. Entre los militares estaba Fausto Caamaño, Mélido Marte, Federico Fiallo, y  José Estrella. Desde 1939 se dio el proceso que llevó a la formación del Partido Revolucionario Dominicano, y desde Cuba irradió como foco difusor.

El Partido Revolucionario Dominicano pretendía organizar el exilio, bajo la orientación fundamental de Juan Isidro Jiménez Grullón. Este había salido de la cárcel de Nigua, en 1936, y compartió el encierro y las torturas con  Germán Martínez Reyna. Este le mostró en 1960, en Caracas, a su sobrina Conina Mainardi las huellas de la tortura mientras decía: “Estas cicatrices son las llagas sufridas en la cárcel de Nigua, de los golpes mandados a dar por Federico Fiallo, antes de salir a trabajar y después de venir  todo lleno de tierra y maltratado”.

Nigua era una finca de Trujillo que destinó a campo de concentración para los enemigos políticos del régimen. Los hacían realizar trabajos forzados de agricultura y fue el escenario de sevicias por donde pasaron: Germán Martínez Reyna, Juan Isidro Jiménez Grullón, Nene Bernal, Eduardo Vicioso, Cholo Cantizano, Oscar Patxot Vallejo, Nicanor Saleta Arias entre miles más. Era una sórdido campo de concentración dirigido por el general Federico Fiallo quien se disparó un tiro, en 1961 cuando supo que iban a buscarlo para que rindiera cuentas de los treinta años de trujillato. 

Los líderes en el exilio

El exilio en Cuba se organizó en torno a la figura de Juan Isidro Jiménez Grullón : “ Era un hombre  a quien le gustaba la comunicación y escribir, lo hacía para organismos en La Habana, en periódicos, en relaciones de amistad, en relaciones oficiales y  sobre todo escribiéndoles a todos los exilados”.

 Era un organizador intelectual y político, que en Puerto Rico se mantuvo en gran actividad y  abrió las puertas de la intelectulidad puertorriqueña a todos los intelectuales que fueron llegando detrás de él. Por ejemplo, en 1938, Juan Bosch llegó con su hijo pequeño León, y su esposa. Juan Isidro Jiménez Grullón  y el Dr. Leovigildo Cuello  le organizaron una serie de conferencias pero en seguida marchó a Cuba porque Juan Isidro pensó que allí sería de gran utilidad para las jóvenes generaciones.  En La Habana, a Juan Isidro Jiménez Grullón lo acompañaban  el Dr. Cotubanama Henríquez y Virgilio Mainairdi Reyna. En 1938, se unió Juan Bosch que llegó para encargarse de  editar las obras completas de Eugenio María de Hostos.

En Venezuela había un grupo muy selecto y numeroso de exilados como por ejemplo: el Dr. Eduardo Vicioso, Dr. Ramón de Lara, Dr. Pancho Castellanos, Dr. Luis Felipe Mejía, Germán Martínez Reyna, los hermanos  Julio y Juan Sánchez Buenaventura, René Lluberes, Nicanor Zaleta y uno de los Patiño. En Cuba: los hermanos Virgilio, Fellito y Silín Mainardi Reyna, Juan Bosch, Pipí Hernández, Pompeyo Alfau, Plinta Woss y Gil, Alexis  Liz entre muchos otros.

En Nueva York: Angel Morales, Antonio Borrell, Juan Díaz, Juan Isidro Díaz, Pepe Franco entre muchos otros más.

En Puerto Rico: Dr. Leovogildo Cuello, Dr. Pardo, Dr. Guaroa, Velásquez, Federico y Rafael Velá

squez, Dr. Luis Emilio Mainardi Reyna, Rafael Ortiz Arseno, Conina Mainardi de Cuello, Caminero Sánchez, Pablo Alonso Pichardo, Dr. Mendoza, Dr. Deñó, y Dr Almonte. En Puerto Rico se fue concentrando el mayor número de médicos dadas las facilidades para ejercer que fue una lucha ganada por la revalida de medicina del Dr. Leovigildo Cuello.

En Méjico: estaba Angel Miolán, los hermanos Patiño, Ramón Grullón, Valentín Tejada, entre otros.

Los exilados buscaban refugio hasta en las Islas Canarias como por ejemplo Juan Bautista Pérez Rancier.

Doña Conina recuerda especialmente la solidaridad entrañable de tres compañeros del exilio: Nene Bernal, Oscar Michelena, y Nene Miniño.

Entre tanto, el 23 de marzo de  1937, en Ponce se produce lo que se llamó la Masacre de Ponce. El 25 de marzo, dos días después  de la masacre, el matrimonio Cuello Mainardi asiste al nacimiento de su tercer hijo: Jorge Cuello Mainardi.

Ellos vivían cerca de la calle La Marina donde se produjo la matanza, escuchron el tiroteo y el Dr. Leovigildo Cuello fue uno de los primeros médicos en socorrer a los  jóvenes puertorriqueños seguidores de Albizu Campos. Días después llevó a  sus hijos Luis y Leovigildo de 7 y 8  años para  que vieran dónde habían caído asesinados los jóvenes puertorriqueños.

Las relaciones de amistad entre el Dr. Pedro Albizu Campos y el Dr. Leovigildo Cuello eran muy cercanas así como la de las familias. Desde 1930, era asidua la visita al hogar de Albizu Campos que era de extrema pobreza. No solo en San Juan sino en Ponce el contacto fue contínuo y asiduo. El Partido Nacionalista Puertorriqueño reconoció siempre el invariable apoyo del Dr. Cuello a los auténtico valores patrióticos de Puerto Rico. 

Se organiza el exilio

 En 1939, Virgilio Mainardi Reyna viaja a Mayaguez, y junto a los Cuello trata de consolidar la militancia del PRD en Puerto Rico. Se formó la Sección de Mayaguez, cuya directiva  estaba compuesta por: el Dr. Leovigildo Cuello, Presidente; Carolina Mainardi de Cuello, Secretaria; Dr. Luis Emilio Mainardi Reyna y Dr. Max Almonte como vocales. La sección de San Juan la formaban Rafael Ortiz Arzeno, Rafael Barreiro, Arturo Zeno, Dr. Miguel Pardo entre otros. El exilio de San Juan era el más numeroso y narra doña Conina: “Hubo armonía, hubo buena voluntad, hubo desprendimiento y nos defendíamos económicamente con lo que cada uno podía aportar, pero sobre todo las mayores aportaciones  corrían por cuenta de sus líderes locales y los que tenían mejor posición como el Dr. Cuello y el Dr. Pardo.

El 21 de enero de 1939, en la residencia de Virgilio Mainardi Reyna, en El Cano, La Habana se reunieron Juan Isidro Jiménes Grullón, Silín Mainardi Reyna, Cotubanama, Henríquez, Plinta Woss y Gil, Juan Bosch, Alexis Liz, Manuel Calderón. De esa reunión fundacional nació el PRD. Cuando se comunicó al exilio esta formación algunos lo tomaron con suspicacia, otros con alegría y la mayoría pensó que esa era la única manera  de luchar contra Trujillo con efectividad.

En Puerto Rico, entre tanto el Dr. Cuello se trasladó a Mayaguez, porque le convenía mucho más desde el punto de vista profesional. En Puerto Rico los acontecimientos políticos daban un cambio trascendental con el surgimiento de la figura política de Luis Muñoz Marín, con una nueva concepción del estado, de un nuevo sistema y de una concepción revolucionaria para esos tiempos en el desarrollo de los pueblos y sobre todo con una concepción moderna en el manejo de la política puertorriqueña.

La Directiva decidió recorrer toda America Latina y tocar los distintos lugares donde hubieran exilados dominicanos. El PRD llegó a a tener filiales en Curazao, New York, Maracaibo, Caracas, San Juan de Puerto Rico, Mayaguez, Guantánamo, Chicago y Méjico entre otras. Después de casi diez años de tesonero trabajo, la culminación de su anhelo llegó  cuando se celebró el primer  Congreso anti trujillista.

El sueño realizado

Del 29 de marzo al 7 de abril de 1943, se reunieron en la La Habana, los delegados del PRD y los dominicanos que pudieron viajar. Se celebró en el Paraninfo de la Universidad de La Haban y fue presidido por el Rector Magnífico Clemente Inclán, compartido y respaldado por grupos políticos progresistas cubanos y por la simpatía de la juventud de Cuba que era vanguardia. Estuvieron presentes delegaciones regionales del PRD e invitados internacionales. De ese hito trascendental surgirían las ideas y los planes para la organización de la expedición de Cayo Confites. Por unanimidad se escogió como Secretario General del Congreso al Dr. Leovigildo Cuello por ser la figura que estaba más cerca de Santo Domingo y Puerto Rico. Era un exilado con capacidad y espíritu de cohesión, anti sectario y capaz de limar  diferencias y borrar divergencias.

“ La grandeza de aquellos hombres reunidos en el Congreso de Unidad demostró que ninguno de ellos tenía ambición política personal. Era un frente que tenía por finalidad derrotar la tiranía trujillista, llevar la democracia al pueblo dominicano, vaciar las cárceles de inocentes, mejorar el sistema de cuarteles y estructurar un camino para que el pueblo escogiera lo que mejor le conviniera”.

En La Habana, permanecieron como Directiva  para realizar los trabajos del Congreso: el Dr. Leovigildo Cuello, Juan Isidro Jiménez Grullón, Virgilio Mainardi Reyna, Juan Bosch, Rafael Mainardi Reyna, Pichirilo y Puchulo Alvarez, Manuel Calderón, Angel Miolán y Agustín Nuñez

  

“Empero, el Dr Cuello , parece no haber tenido una presencia política significativa, y este hecho puede interpretarse ante todo, que exento de ambiciones personales, concebía su papel esencialmente en relación a la eliminación del trujillato. Había dado lo mejor de si en la soledad del ostracismo, y esto no había sido poco” 

Roberto Cassá: “En busqueda del tiempo del exilio. Semblanza del Dr. Leovigildo Cuello”.

 Del 29 de marzo al 7 de abril de 1943, se reunieron en la La Habana, los delegados del PRD y  celebraron en el Paraninfo de la Universidad de La Haban, presidido por el Rector Magnífico Clemente Inclán una reunión trascendental de donde surgirían las ideas y los planes para la organización de la expedición de Cayo Confites. Por unanimidad se escogió como Secretario General del Congreso al Dr. Leovigildo Cuello.

En La Habana, permanecieron como Directiva  para realizar los trabajos del Congreso: el Dr. Leovigildo Cuello, Juan Isidro Jiménez Grullón, Virgilio Mainardi Reyna, Juan Bosch, Rafael Mainardi Reyna, Pichirilo y Puchulo Alvarez, Manuel Calderón, Angel Miolán y Agustín Nuñez.

El exilio anti trujillista siguió la lucha hasta 1947, pese a la derrota que comportó la disolución del grupo expedicionario de Cayo Confites, en el otoño, a causa de las presiones del gobierno de Estados Unidos, que poco antes decidió apoyar decididamente a Trujillo. El exilio antitujillista pensó que serían respetados los acuerdos, que prevalecería los preceptos de la ONU y de que el gobierno de EEUU se encargaría de una transición pacífica de acuerdo a lo prometido por el embajador norteamericano en La Habana, hacia 1950.

El Dr. Leovigildo Cuello regresó a Puerto Rico, donde estaba su consultorio y su medio de vida y después de observar la realidad cambiante, hacia 1952, abandonó las esperancas de intervención de EEUU y retornó a su postura crítica del imperialismo.

En un artículo publicado en “Quisqueya Libre”, órgano del PRD publicado en La Habana, de enero a febrero de 1952 acusa de hipocresía diplomática la resolución de OEA, en el llamado Comité Mora, que al equiparar las acciones de Cuba y República Dominicana favorecía la dictadura. La rectificación del Dr. Cuello también fue secundada por Jiménez Grullón que advirtió el giro de Washington tras el fin de la lucha contra el nazi-facismo. Ambos líderes se mantuvieron apartados del grueso del exilio que sí creía en lo necesario de un acercamiento a EEUU.

Como resultado de estas postura el matrimonio Cuello Mainardi vivió la década de 1950,  vigilados por el FBI. En esa misma década, con el apoyo de los puertorriqueños empezaron a publicar el “Boletín pro-democracia dominicana”, aparecido en 1950, bajo la responsabilidad de René Jiménez Malaret. En 1952, bajo la dirección del Dr. Leovigildo Cuello empezó a publicarse el semanario “Exilio”, que contó con la colaboración, en calidad de redactores de Angel Morales y la poetisa Carmen Natalia Martínez. La publicación de “Exilio” en Puerto Rico  y de “Quisqueya Libre” en La Habana, permite visualizar el crecimiento ideológico y las posturas antiimperialistas del Dr. Cuello. Como dice del Dr. Roberto Cassá en: “Semblanza del Dr. Leovigildo Cuello”: “Cuello ofreció respuestas que no daban cuenta de conflictos insalvables, pero si de matices significativos”.

En 1955, escribió: “ El imperialismo-todos los imperialismos- con su consecuencia militar, política y económica constituye para Santo Domingo como para todos los pueblos de nuestra América, un peligro permanente”.

Esta posicón militante y encendida hizo que se mostrara hostil a las teorías y consejos de José Figueres, en el sentido de que el exilio antitrujillista debía subordinarse absolutamente a las conveniencias de los EEUU. En 1956, en la Universidad de Puerto Rico José Figueres lanzó la inicua propuesta del fideicomiso, como forma de resolver el problema dominicano, razón por la cual el Dr. Cuello se retiró en protesta por el entreguismo del ex- presidente costarricense. El mismo grupo que editaba “Exilio” tomó la iniciativa de constituir una organización unitaria en Puerto Rico que reemplazara la decadencia del PRD. En 1955, se formó el Frente Unido Dominicano de Puerto Rico. Lo integraron las personalidades más prominentes del exilio puertorriqueño como: Angel Morales Leovigildo Cuello, Carmen Natalia Martínez, Miguel Pardo, Carolina Mainardi de Cuello, Rolando Roque, Luis Mainardi, Amado Hernández, Oscar Michelena, Andrés Martínez, Moisés de Soto, Ramón Castillo, Guaroa Velázquez y Juan del Rosario. El ejemplo dado por Puerto Rico fue seguido por otros centros antitrujillistas. En adelante los Frentes Unidos se vertebraron como núcleos de resistencia al trujillato. E l Frente Unido de Venezuela sería la organización en llevar adelante las expediciones de junio de 1959.

“En los dos años postreros a la tiranía, el doctor Cuello y doña Conina se mantuvieron apartados de la corriente de colaboración con los planes norteamericanos que embargaba el exilio. Descartaron por completo toda participación  en el entendido que implicaba sumarse  a los propósitos contrarios a la revolución cubana. Criticaron a Jiménez Grullón, con quien mantuvieron una inalterable relación amistosa, que entrara en negociaciones con el aparato en Washington”.

Ajusticiado Trujillo el matrimonio Cuello Mainardi regresó a Santo Domingo.

“Empero, el Dr Cuello , parece no haber tenido una presencia política significativa, y este hecho puede interpretarse ante todo, que exento de ambiciones personales, concebía su papel esencialmente en relación a la eliminación del trujillato. Había dado lo mejor de si en la soledad del ostracismo, y esto no había sido poco”.

Doña Conina recuerda que fue difícil reintegrarse al medio nacional, el país era distinto y la sociedad había cambiado tanto y de tan mala manera bajo las deformaciones oprobiosas de Trujillo  que el Dr Cuello pidió servir al país desde una embajada itinerante con sede en España.

Fuentes:

Investigación genealógica, documentos y archivos de la familia Cuello Mainardi.

Cuello Mainardi, Carolina: “Vivencias”Santo Domingo, 1999. 

Bibliografía:

Cassá, Roberto: “En busca del tiempo del exilio: Semblanza del Dr. Leovigildo Cuello”. Santo Domingo, 1999. 

Las simetrías de la dignidad.

 Cuando las sucesivas generaciones de los Cuello fueron haciendo ajuste de cuentas de lo vivido todos los saldos arrojaban dignidad, valor, austeridad espartana, reciedumbre moral, no a la claudicación, nada de medrar  ni de vender al mejor postor los principios éticos de una tribu.

 Toda familia tiene su historiador personal. Un cronista con paciencia milenaria y memoria de elefante.

Ese historiador de la tribu se dice a sí mismo lo que se decía el escritor norteamericano William Faulkner: "Estoy contando la misma historia una y otra vez que soy yo y el mundo... Trato de decirlo todo en una oración entre una letra mayúscula y un punto. Todavía intento decirlo todo, si es posible, en la cabeza de un alfiler. No sé cómo hacerlo. Todo lo que sé es seguir intentándolo de una nueva manera. Tiendo a pensar que mi material, el Sur, no es muy importante para mí. Simplemente ocurre que lo conocí y no tengo tiempo en una vida para conocer otro y escribir al mismo tiempo. (…) la vida es un fenómeno pero no una novedad, la misma carrera de caballos hacia la nada, en todas partes el hombre hiede el mismo hedor no importa en qué tiempo".

Desde hace unas semanas, el Dr. Jorge Cuello Mainardi es ese historiador de un clan  que tiene por escenario el siglo XVIII, en el Santo Domingo español y como protagonista  fundador un negro liberto llamado Martín Cuello. Como otro cronista familiar dominicano: Fabio Rafael Fiallo que escribió el libro: “Final de ensueño en Santo Domingo” comparten la tenacidad de los apasionados y representan esas familias de disidentes que engendraron  admiración pero también un malestar especial entre los conciudanos de esa época inicua iniciada en 1930.

“ En particular, los políticos e intelectuales, que sirvieron al régimen sin un ápice de vergüenza. Mientras estos se enlodaban en la complicidad, los disidentes se mantenían incólumes en el rechazo. Eran la prueba ambulante de que en la República Dominicana del tirano, sí había quienes osaban resistir. Por el simple hecho de no doblegarse, aquellos que resistían   al tirano proyectaban una imagen moralmente insoportable para esos otros, quienes debían de percibirla como una acusación muda, como un negativo fotográfico de su propia miseria ética”.(Periodico HOY Fabio Rafael Fiallo: “Viriato Fiallo no quedará en el olvido”, Noviembre, 2004)

Los dos narradores dominicanos lo vuelven a intentar, vuelven a contar lo mismo desde diferentes ángulos, desde inesperados escorzos, en tiempos distintos, haciéndose eco de otras voces y sumando nuevas experiencias.

A lo largo de las semanas el Dr. Jorge Cuello Mainardi fue desenterrando documentos que tienen más de cien años, como el exequator de su padre firmado por los interventores norteamericanos, fotos de su padre en Suiza en 1925, en un Congreso de enfermedades tropicales, ha recogido la memoria oral y las fotos de las abuelas biológicas y de crianza, ha grabado en video la imagen de su madre en confesión y en una grabadora el testimonio final que convierte en catarsis el relato que hizo Carolina Mainardi al final de sus días como testamento  ético y dote moral para sus hijos, nietos y bisnietos. Dicen que a los ancianos los ayuda  a encontrar una buena muerte el volver a contarse el pasado, revivir a los que amó, comprender a los que lo hicieron sufrir y en definitiva  concluir que valió la pena vivir.

El relato de este médico psiquiatra, historiador del deporte, de la familia y porque no de una sociedad y su tiempo es además el oído y el corazón de su madre, su padre y sus hermanos.

Tiene el ingrediente  de que al ser médico de almas, ese atributo le permitió darme las claves no sólo de su familia sino las señas de una época y la sociedad encarnadas en las ramas familiares que fueron creciendo del tronco fundador.

La escritora puertorriqueña Rosario Ferré escribió una novela corta que se llama “Maldito amor” donde  narra lo que le pasó a las familias puertorriqueñas de tradición en su afán por ocultar el origen esclavo negro, por inventar una heráldica hispana, hipócrita y de doble moral, y por justificar lo que se llamó la “sociedad del dril” que no es más que los grupos sociales enriquecidos con el negocio azucarero.

A diferencia de ese relato lleno de furor y crítica social el relato oral del Dr. Jorge Cuello Mainardi, el libro  póstumo de doña Conina, los documentos apergaminados y amarilleados por el tiempo, las crónicas de periódicos de hace mucho tiempo, los relatos de muchos disidentes, de otros protagonistas de ese gran drama que fue el trujillato toman el giro de un relato de Faulkner, ese “volver a contar lo mismo” para entender la vida, porque “ el pasado no pasa”. El esta ahí, está en nosotros. Si fue transparente y ético; si tuvo principios y coraje; si fue valiente y votó por la dignidad, la rueda de la vida seguirá rodando entre todos los descendientes como un bálsamo, como una corriente de agua pura que augura prosperidad, buenos sentimientos y vida ejemplar.

Cuenta la tradición que en China, las mujeres nacidas en los años del caballo de fuego auguraban desastre y violencia. Esa sociedad patriarcal hacía desaparecer las niñas indómitas y determinadas nacidas en esos años. Si Carolina Mainardi, que nació el 29 de mayo de 1906, hubiera nacido en China hubiera sido silenciada. Pero nació en el Caribe y como cuenta ella con poesía y gracejo encontró en Leovigildo Cuello la yunta perfecta. El que fue el compañero de su vida había nacido precisamente en ese nudo místico, en ese ombligo cósmico que es el sur profundo dominicano. En él confluían distintas etnias, culturas, religiones y grupos humanos llegados de lejos y sometidos a singulares y trágicas experiencias.

San Juan de la Maguana, el Siglo de las Luces, la Revolución Francesa, una mujer nacida centaura en el vórtice del huracán y de los grandes cataclismos. El ancestro de su compañero de vida había salido de la negra noche de la esclavitud, entre las ideas de los enciclopedistas y las proclamas de una revolución que se cimentaba en la igualdad de los derechos humanos.

En el magma de una época cuajó la vida de ese negro liberto que fundó un clan en la transparencia y lo auténtico. Desde ese descendiente de Martín Cuello, llamado Leovigildo Cuello, analfabeto, diestro en el machete y deseoso de  aprender a leer y escribir se fue labrando el derrotero de una familia. Cuando las sucesivas generaciones fueron haciendo ajuste de cuentas de lo vivido, todos los saldos arrojaban dignidad, valor, austeridad espartana, reciedumbre moral, no a la claudicación, nada de medrar  ni  de vender al mejor postor los principios éticos de una tribu. En ese manual de vida, de filosofía, de sociología que es el Iching, el hexagrama de la Tierra es el número dos  y está dominado por el símbolo del caballo. Las líneas del hexagrama describen esa creencia anclada hace mucho tiempo en la memoria de los pueblos que asocia al caballo y a la yegua como la pareja arquetípica, que salida de la noche y el misterio trae vida y destrucción, está relacionada con el fuego que triunfa y purifica y con el agua que nutre y sofoca. En el caballo confluyen la fuerza y el brío y en la yegua se consuma la decisión y la firmeza. Leovigildo Cuello Hernández y Carolina Mainardi Reyna conformaron esa pareja ancestral, esa dupla arquetípica que llevó adelante con brío, el designio de una estirpe, las convicciones profundas del clan, y la firmeza de miras para el futuro de la tribu.

Las leyes, la  política, la jurisprudencia la ciencia, la medicina fueron los ámbitos donde fructificaron las numerosas ramas del frondoso árbol de la familia Cuello.  Como una pareja mítica “oriunda de la noche” reunieron en su tronco  a las distintas mujeres y hombres que le dieron sentido y raíces.

Por las ramas del árbol se desgranan la madre biológica encarnada en Ana Josefa Hernández o la madre nutricia y de crianza representada por Altagracia Perelló de Cuello.

Y sean tal vez esas dos figuras  femeninas del inicio de una estirpe las que pusieron la tierra para que la estirpe creciera fuerte, alta en principios y robusta.

El tronco de los Cuello se inicia con Leovigildo Cuello que fue un importante  abogado y jurisconsulto pero que surgido de humildes orígenes sentó la zapata de principios de una familia. Cuando Ulises Heureaux le ofreció recompensa por los servicios de guerra prestados Leovigildo Cuello no pidió prebendas, tierras,  ni metálico.

Pidió instrucción, aprender a leer y a escribir, para cultivarse y aprender a ganarse con decoro y dignidad el pan de cada de día. Su hijo  primogénito siguió la misma ruta desinteresada y llena de honorabilidad: Leovigildo Cuello Hernández, fue médico, político, humanista y pionero en la  lucha antitrujillista. Pericles Cuello Perelló , fue médico y beisbolista de renombre, Segunda base del primer equipo del Licey allá por el año 1906 0 1907.

Los tres descendientes del Dr. Leovigildo Cuello y de Carolina Mainardi Reyna de Cuello son médicos. Luis Rafael Cuello Mainardi está dedicado a la medicina interna y cardiología. Es fundador y Director de la Clínica Corazones Unidos, sus dos hijos: Luis Rafael Cuello González y Víctor Iván Cuello González ( gemelos) son médicos y están haciendo la especialidad de  cardiología en Marsella, Francia.

El Dr. Leovigildo Cuello Mainardi es una eminencia como cirujano toráxico y cardiovascular. Es fundador y Primer Jefe del Departamento de Cirugía Toráxica y Cardiovascular  de la Escuela de Medicina de San Antonio, Texas. EE.UU.

El Dr. Jorge Cuello Mainardi es médico psiquiatra, genealogista, historiador deportivo y cronista familiar por convicción.

En el mundo de la leyes y la jurisprudencia es pionero el Lic. Leovigildo Cuello. Después se suman el Lic. Julio A. Cuello Perelló, el Lic. Gregorio Cuello Perelló, el Dr. Vinicio Cuello Castillo, quien además de juez y abogado fue Decano del Colegio de Leyes, presidió el Tribunal Penal de Jurisdicción Nacional contra los criminales del trujillato, fue nombrado Embajador en Portugal durante el gobierno de Juan Bosch, y  Decano de la Facultad de Leyes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. A su muerte  ha sido honrado el Departamento con su nombre y fue Profesor Emérito de esa misma institución, además de miembro de la Junta Central Electoral.

Su hijo Vinicio Martín Cuello Pereira se graduó de abogado. Dos de sus hijos,  el Lic. Francis M. Cuello Blanco y la Lic. Martiña Cuello Blanco también son abogados. Su hija Dana Cuello Blanco es médica.

Las ramas colaterales de la familia Cuello como por ejemplo Pablo Cuello Perelló fue farmaceútico, el Dr. Luis Emilio Mainardi Reyna fue médico y en la rama de la abogacía están el Dr. Virgilio Mainardi Reyna.

La tribu de los Cuello está contando una y otra vez la misma historia... tratan de decirlo en una oración. No saben cómo hacerlo pero  lo intentan de una nueva y reiterada manera. Saben que para convertir el pasado en una experiencia válida hace faltar insistir y develar los muchos matices de cada uno de los suyos.Saben que  la vida es una estampida mítica de caballos, es el galope de  una pareja enamorada como la de Leovigildo Cuello  Hernández y Carolina Mainardi Reyna que emergen de lo subterráneo para dibujar de nuevo las simetrías de la dignidad.