#1

La familia Nouel

Viaje a la semilla

 

 

Por Graciela Azcárate

 

 

El linaje  de los Nouel puede remontarse al año 1403, en la Bretaña francesa. Entre los macizos retorcidos del Finisterre, colgada de las montañas de granito y basalto y de cara al océano Atlántico, la Bretaña francesa es una tierra romántica donde los bosques de hayas, los cantos célticos, kilómetros de ríos y canales y viejas rutas de invasiones han moldeado el alma vagabunda de sus gentes. Es la tierra bretona, antigua y misteriosa, celosa guardiana de antiguas tradiciones galoromanas y paganas, nudo de generaciones  que se desbordarían por el mundo entero. Ya en la Edad Media en un duelo entre caballeros en la región de Namur figura un caballero Messire Guillaume de Nouel. El apellido Nouel aparecerá  en distintos ámbitos y épocas ya sea en Canadá como uno de los colonizadores de América, como escritor de teatro del siglo XVIII en París, como arqueólogo del siglo XIX en Rennes, como literato y arqueólogo en Bélgica y en España aparecen Nouel llegados con las numerosas emigraciones de Francia a Catalunia en el siglo XVI al XVIII.

De esa estirpe celta y galo romana descenderán los Nouel que en Santo Domingo, Venezuela y Curazao irán dejando su estirpe centenaria.

Descendiente de éste linaje  y personaje importante en la vida dominicana fue el prelado dominicano Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla. En 1885, con sólo veintitrés años fue presentado al arzobispo Meriño como profesor en el seminario Conciliar Santo Tomás de Aquino, donde dio muestras de filósofo y latinista excelente.

Al suceder al arzobispo Meriño en el cargo de Arzobispo de Santo Domingo dirigió durante muchos años la Iglesia Dominicana.

Su bisabuelo, Francois Adolphe Nouel Naulin había nacido el 14 de octubre de 1756 en Angulema, Francia. Falleció en 1812 en Bonaire, Antillas Holandesas. Estaba casado con Marie Sophie Gobert Tessier, natural de Nantes en  la Bretaña francesa.

Los estudios genealógicos indican que Francois, como la mayoría de los franceses entró por Cabo Haitiano y que  en la parte occidental de la isla contrajo matrimonio con Marie Sophie.

Al proclamarse la independencia en Haití, y a raíz de las luchas con los franceses pasan al lado oriental. Su primera hija: María Isabel Nouel Gobert nace en Santo Domingo, el 23 de Julio de 1804 en la parroquia de Santa Bárbara. Dedicado a los negocios de exportación de maderas preciosas  a Europa, tenía una finca en la desembocadura del río Yuma.

Allí nació su hijo Jean Baptiste Adolphe Nouel Gobert, primer varón Nouel nacido en América y nudo genético de donde descienden todos los Nouel de Santo Domingo, Venezuela y las Antillas Holandesas.

Según el diario de su padre, Adolfo nació en Yuma, común de Higuey, en la finca  de su propiedad el 1 de junio de 1806.

No hay datos precisos de como transcurre la vida de Adolfo, pero por los datos de la época y  su ascendencia francesa, al producirse la invasión haitiana, su padre deja constancia de los bienes que poseía en Santo Domingo. Casado con Merced Colón, nacerán de esta unión Gustavo Adolfo, María Eufrasia y Adolfo Estanislao en la isla de Santo Domingo y debido a los avatares de la invasión haitiana, pasarán a Curazao donde nacerán  los hijos restantes y que darán origen a las ramas de Curazao, Venezuela y Estados Unidos de Norteamérica.

Pero además de los los hijos nacidos en el matrimonio tuvo dos hijos naturales concebidos con la francesa Juana Rosa Margarita Pierret y que darían origen a la familia Nouel de Santo Domingo.

Federico nacido en 1827 y  Carlos Rafael  en 1833  serán reconocidos  por el padre en 1834.

Carlos Rafael Nouel Pierret fue reconocido por su padre antes de casarse con Merced Colón y lo menciona en su testamento de 1855 en el cual le lega parte de sus  bienes. Condiscípulo de Fernando Arturo Meriño se casa a la edad de 21 años con  Clemencia Antonia Bobadilla, la hija menor de Tomás Bobadilla y Briones y María Virginia Desnier D’ Olbreuse.

Carlos Rafael fue secretario particular de su suegro durante  toda su vida. Era maestro de derecho, colaborador en varios periódicos y comprometido diplomático en la naciente república.

Recién fundada la República fue nombrado Administrador de Hacienda en la ciudad de Puerto Plata , donde además se dedicó al comercio. En 1855 nace el primogénito, Carlos Tomás. Nacen posteriormente dos hijas Rosa Altagracia y Josefa Antonia. Al ser declarada la anexión a España, en 1861, se une a los anexionistas y desempeña importantes cargos en la Judicatura. El 12 de diciembre de 1862, nace Adolfo Alejandro futuro Arzobispo de Santo Domingo.

En 1863 al estallar la Guerra Restauradora en contra de la Anexión, sale del país y se radica en Venezuela. Allí nace su  tercer hijo varón, José María en 1864. Terminada la Guerra de Restauración regresó al país para proseguir los trabajos legislativos y  la traducción de  los códigos franceses, iniciados en los primeros años de la República pero interrumpidos por las frecuentes guerras. Fungirá como Vice- Presidente de la Asamblea Constituyente que  dictó la Constitución del 14 de noviembre de 1865. Termina la traducción del Código Civil  que es aprobado en 1867. La revolución del mismo año lo obliga a emigrar a Puerto rico.  En Aguadilla convivirá muy de cerca con su suegro don Tomás Bobadilla y nacerán tres hijos más de su larga prole.

En 1871, encabeza una protesta contra  la pretendida anexión de la República Dominicana a los Estados Unidos de Norteamérica, urdida por el presidente Buenaventura Báez. El 21 de diciembre de 1871, fallece en Puerto Príncipe, sólo y en el exilio su suegro Tomás Bobadilla. Historias familiares cuentan que eran tan asiduas los devaneos e infidelidades de Tomás Bobadilla que su esposa, descubierto el  reiterado engaño juró no volver a vivir con él. Desde ese momento doña María Virginia vivió hasta el final de su días en casa de su yerno y de su hija Clemencia.

Al cabo de cinco años de exilio regresa a Santo Domingo y se desempeña en varios cargos como ministro. En 1876 su esposa fallece  en Puerto Príncipe. Trae los restos de su   esposa y les da sepultura en Puerto Plata. Se aleja de la vida pública  apenado por la soledad de la viudez y   busca alivio en la vida eclesiástica. Se ordena sacerdote en 1882. En 1884 es enviado a Puerto Príncipe como Subdiaconado. Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla, su hijo, era ya para esa época Arzobispo de Santo Domingo y él  es nombrado Presbítero  cargos que aprovechan para repatriar los restos de Clemencia de Puerto Plata a  la Catedral Primada. Grande sería la sorpresa al abrir el sarcófago y encontrarla intacta como si el tiempo no hubiera transcurrido.

Carlos Rafael Nouel Pierret se distinguió como profesor, abogado, funcionario público, como sacerdote y al final de sus días como historiador.

Su obra principal es la Historia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo donde destaca además del tema religioso, toda la actividad en la época colonial y el tiempo que abarcó la República. Murió en 1905 rodeado de sus diez hijos y respetado por sus conciudadanos.

Su hijo, Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla,  Arzobispo de Santo Domingo, decidió a su muerte publicar  la obra completa para  que sirviera a las generaciones venideras, el estudio de la historia de la República y de La Iglesia. Descendiente directo de esta rama Nouel es Luis Américo Prieto Nouel, nacido en Santo Domingo y de profesión ingeniero.

Pero ha preferido erigirse en historiador y antólogo de esta extendida y prolongada familia que tiene ramificaciones  que van desde Francia, recorren Holanda, florecen  en Estados Unidos de Norteamérica pero tienen su  vórtice nutricio en el Caribe.

El Caribe de Curazao,  Aruba, Venezuela y Santo Domingo se ha convertido en el escenario que ha elegido, para desplegar el mapa sentimental  por donde navega, tal vez como sus viejos ancestros, rastreando lejanos y míticos orígenes para, del pasado traer la luz que explique el futuro de  una estirpe cuatro veces centenaria.

 

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Entre los macizos retorcidos del Finisterre, colgada  de montañas de granito y basalto y de cara al Océano Atlántico, la Bretaña francesa es una tierra romántica donde los bosques de hayas y los cantos célticos han moldeado el alma vagabunda de su gente.

 

De esta estirpe celta y galo romana descenderán los Nouel que en Santo Domingo, Venezuela y Curacao irán dejando su impronta centenaria.

 

 

Descendiente de éste linaje y personaje importante de la vida dominicana fue el prelado Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla.

 

 

#2

Historia de familia

 

 

La familia Nouel

Por los mares de Clemencia.

 

Graciela Azcárate

 

En la tercera hornacina del altar mayor,

 del lado del Evangelio, allí estaba la noticia.

La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha,

y una cabellera viva de color cobre intenso se derramó fuera de la cripta.

 

Del amor y otros demonios.

 Gabriel García Márquez,

Cartagena de Indias, 1994.

 

 

Como en  un poblado mágico de la Guajira, de cara al mar Caribe, a caballo entre mitos y supersticiones, nació en Santo Domingo el 16 de enero de 1835, Clemencia Antonia Bobadilla Desnier D’ Olbreuse.

Fue la tercera y última hija de Tomás Bobadilla y Briones y María Virginia Desnier D’Olbreuse. Nacida en los últimos años de la ocupación haitiana su nombre proviene de un recuerdo familiar y sería la hija predilecta de Don Tomás Bobadilla, quien en la intimidad la llamaba cariñosamente, “Seña Antonia”. Clemencia se casó por amor, el 23 de noviembre de 1854, a la edad de 19 años con Carlos Rafael Nouel Pierret. En la Santa Iglesia Catedral, se celebraría la boda más sonada y que contó con el beneplácito de las dos familias, ya que las dos madres de los novios eran amigas y francesas.

Compañera inseparable de Carlos Rafael tendrían una larga descendencia.

Diez hijos nacidos entre los avatares de  guerras y revoluciones, navegando las aguas de los conflictos políticos, entre Aguadilla, Venezuela, Santo Domingo, Puerto Plata y Puerto Príncipe.

El 12 de diciembre de 1862, en Santo Domingo dio a luz  su tercer hijo:  Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla, futuro Arzobispo y Presidente de  la República Dominicana. Cariñosa y muy afecta a sus hijos tenía  carácter fuerte y enérgico heredado de sus padres.  Su madre María Virginia Desnier D’Olbreuse vivió con ellos, cansada de los devaneos sentimentales de Don Tomás. Según los apuntes de Ramón Lugo Lovatón sobre Tomás Bobadilla, éste era  tan mujeriego y parrandero  que su esposa, al descubrir ciertas relaciones y  harta de sus continuas infidelidades juró no volver a vivir  con él.  Razón por la cual doña Virginia viviría hasta el final de sus días, en casa de su yerno Carlos Adolfo y dejaría que Tomás Bobadilla muriera sólo en el exilio de Haití.

 De los hijos de “Seña Antonia” con Carlos Adolfo, su tío Gustavo Nouel Colón, de la familia de Curazao, comenta en 1888, cuando estuvo de visita en Santo Domingo: Las hijas de mi hermano Carlos , no son bonitas, pero tienen muy bellas cualidades: son gentiles, amables, obedientes y sé que sus padres las adoran. La armonía más grande existe en esta familia, no hay discusiones entre hermanos y hermanas .Todos se quieren tiernamente.

Durante el gobierno del General Ignacio María González entre 1875 y 1876, Carlos Adolfo Nouel Pierret, ejerció en Puerto Príncipe, funciones de Encargado de Negocios  razón por la cual mudó a toda la familia  hacia  Haití. En la finca del  General Lorquete, en la montaña La Coupe, Clemencia Antonia Bobadilla de Nouel enferma de gravedad y muere a los 41 años de edad. Para Carlos Adolfo Nouel nada volverá a ser igual. La entierra en el cementerio de Puerto Príncipe juntó a la tumba de su padre que había muerto el 21 de diciembre de 1871. Sin la presencia de su esposa no halla justificativo para la vida  y se ordena sacerdote, buscando en la religión y en los afanes como ministro de el Señor, consuelo a  la pena y soledad, aunque su viudez estuvo rodeada siempre de sus numerosos hijos.

Recibió la primera tonsura en 1882. Años después, al recorrer las calles del cementerio de Puerto Príncipe dudaría entre las sepulturas del padre y la hija. Cuando finalmente pudo separar e identificar los  restos de Tomás Bobadilla y Clemencia Antonia, abierta la caja de ciprés que guardaba el cuerpo de su esposa, esta lucía bella e incorrupta con su hermosa cabellera más larga y  frondosa y con los rasgos firmes y serenos intocados por el salitre del mar. Hombre piadoso y bueno volcaría su afecto y devoción en el hijo: Adolfo Nouel y Bobadilla. El joven Adolfo Alejandro tendría dos mentores de valor incalculable: su padre, quien al morir dejó una valiosa Historia Eclesiástica, que él mismo se encargaría de ampliar y enriquecer en años posteriores y al eminente prelado Fernando Arturo  de Meriño, a quien años más tarde sucedería como jefe de la Iglesia Dominicana. En 1906, a la muerte de  Monseñor Meriño, el padre Adolfo es elevado a la dignidad de Arzobispo de Santo Domingo, tomando posesión solemne de la silla primada el 15 de marzo de 1907. La primera década del siglo sería una vorágine de revoluciones, alzamientos, conspiraciones y caos económico. Tras el asesinato del presidente Ramón Cáceres en 1911, el desorden alcanza niveles sin precedentes. El 30 de noviembre de 1912 el Congreso Nacional escogió al Dr. Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla como Presidente Provisional con el mandato específico de organizar elecciones libres antes de un año.

El había presidido una comisión negociadora que buscaba poner fin al desorden, evitar la intervención de los marinos norteamericanos y parar las insaciables exigencias de caudillos  montoneros como Desiderio Arias.

La efímera presidencia del Arzobispo Nouel duraría cuatro meses y cuatro días. El 13 de abril de 1913, desde Barahona, en su renuncia al Congreso Nacional escribe: Convengo en que por la patria debemos sacrificarlo todo: pero ni ella ni nadie puede exigirnos el sacrificio de nuestra dignidad y nuestra conciencia.

Pocos días después, muy enfermo parte para Roma a entrevistarse con el Papa. El advirtió en una suerte de premonición la invasión norteamericana, que tres años después se abatiría sobre la isla y que se prolongaría hasta 1924. Filósofo y pensador tenía estatura moral y ética, por eso puede darle severos consejos, en 1929, a un  anciano y decadente Presidente Vásquez al que le dice: Magistrado, como un padre y como un amigo os aconsejo que alejéis de vuestro lado  a la vil polilla palaciega que os sofoca y entorpece la obra de vuestro gobierno. Actuando con libertad y austeridad hareis que vuestros días de gobierno se inspiren estrictamente en el derecho, en la equidad y la justicia.

Ni el paso por la Presidencia ni los tantos honores que recibió en vida, alteraron su  forma de vida honesta y austera. El 26 de junio de 1937, en la madrugada, murmura: ¡ Ya puedo morir en paz!.

Ramón E. Jiménes dijo que el Arzobispo Nouel murió: como un estoico griego, no desafiando a la muerte, sino llamándola con resignación franciscana.

El hermano mayor del Arzobispo, Carlos Tomás Nouel Bobadilla, nacido el 24 de junio de 1855, casó con la banileja Hortensia Victoria y Victoria. Tuvieron doce hijos entre los cuales, Adolfo Antonio Nouel Victoria llamado Nené y nacido en 1882 sería el fundador de la rama Nouel -Romero.

Casado con María Romero Correa en Puerto Plata el 2 de diciembre de 1909  tendrán ocho hijos. Entre ellos Aída Lucía del Socorro Nouel Romero, nacida el 22 de junio de 1919 en Puerto Plata y casada con Luis Guillermo Prieto Peña. Descendiente directa de aquellos normandos trashumantes, biznieta del Arzobispo,  celosa guardiana de  dignidades familiares, Aída Nouel de Prieto  vive en la casa de Ciudad Nueva, que fue del Dr. Américo Lugo  casado con la tía Lola. Entre los muros centenarios de  su casa caribeña, ella conserva con amoroso celo, recuerdos de familia, fotos, muebles, enseres y recuerdos de Américo Lugo, de su bisabuelo y de aquella ancestra centenaria que a pesar de las penurias y avatares de la vida,  pudo conservar el pelo y  el corazón con el esplendor y la belleza de los quince años.

 

 

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Como en un poblado mágico de la Guajira, de cara al mar Caribe, a caballo entre mitos y supersticiones, nació Clemencia Antonia Bobadilla Desnier D’Olbreuse.

 

Abierta la caja de ciprés que guardaba los restos de “Seña Antonia”, ésta lucía bella e incorrupta con su hermosa cabellera más larga y frondosa y con los rasgos firmes y serenos intocados por el salitre del mar.

 

 

El joven Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla tendría dos mentores de incalculable valor: su padre, Carlos Adolfo Nouel y el eminente prelado Fernando Arturo de Meriño.

 

 

 

Convengo en que por  la patria debemos sacrificarlo todo: pero ni ella ni nadie puede exigirnos el sacrificio de nuestra  dignidad y nuestra conciencia.

 

Murió como un estoico griego, no desafiando la muerte, sino llamándola con resignación franciscana.

 

 

Pie de fotos

 

1-Tomás Bobadilla y Briones.

2- Clemencia Antonia Bobadilla de Nouel

3 Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla.

4- Sentado, el Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla; detrás, de pie Octavio Antonio Beras, quien llegó a ser Cardenal de la Iglesia Católica.

5- La familia  Prieto- Nouel. Celebración de los cincuenta años de casados de  Luis Guillermo Prieto Peña con Aída Lucía Nouel Romero de Prieto. El matrimonio Prieto-Nouel procreó seis hijos varones y han transcurrido su vida entre los muros de la centenaria casa del Dr. Américo Lugo, que estaba casado con una tia abuela  por el lado materno.

 

 

 

#3

Historia de Familia

La familia Nouel

Con filigranas de Delft

 

 

...Tuvo la impresión de haber caído en una ciudad pintada y adornada para una gran fiesta- ciudad con algo de kermesse flamenca y mucho de Jauja tropical. Una abundancia de bodegón parecía haberse derramado en las avenidas sembradas de  naranjos, tamarindos y limoneros, con sus rientes casas de hermosa madera.  A tal  refinamiento se había llegado, en esta Holanda ultramarina, que los pisos de caoba eran frotados, cada día, con

naranjas agrias, cuyo sumo , absorbido por la madera, despedía un delicioso perfume de especias.

 

El siglo de las luces de Alejo Carpentier

 

Así, con contornos lánguidos,  de encajes que envolvían carnes rosadas y abundantes, entre cortinas de gasa agitadas por la brisa del mar Caribe, en  hamacas de pasamanería, entre añorantes visiones de una calle Delft, reconstruida en la memoria y coloreada con el ardiente sol del trópico, con un escorzo de carne morena  y  el sabor picante de la pimienta, el jengibre y la canela,  deben haber transcurrido las largas tardes curazoleñas en que unas tías abuelas solteronas, con ancestros nacidos en duras plazas francesas , o arrancadas al salitre pegajoso de Boca del Yuma, fueron relatando a pedazos, la tradición oral de unos orígenes que partidos de Angulema, se habían afincado en Santo Domingo, para ser más exactos en Higuey. Pero por los avatares de la guerra, invasiones y pasiones humanas  habían  sido arrojados a ese rincón del mar Caribe, enfrentados al largo litoral venezolano, recordando en sus calles los primores de un encaje de Vermeer, o los interiores adornados de grandes armarios, hinchados de prosperidad, camas con doseles de gasa y anchurosas hamacas con flecos de pasamanería. Reaparecían caireles y arañas, espejos de aguas profundas, los cristales y las porcelanas  de la infancia, con  el sabor del siglo XVIII, cargado de revoluciones, misterio y lejanía.

Desde Bussum en Holanda, Germaine Nouel Eman de Du Puy, remonta su infancia y también la de su padre Gustave Guillaume Adolphe Nouel Joubert.

El, hacia 1970 había rastreado sus orígenes en Nantes y había descubierto el escudo de armas que le habían descripto sus padres y abuelos cuando era un niño. Gustave Guillaume Nouel Joubert creció en Curazao, con su abuela Anna Blaicon y sus tres tías solteronas: Merced, Elodie y Theliciá. Su hermana Anna Helene y su hermano Edgard habían estado con él en Curazao donde nacieron , cuando sus padres Adolphe Nouel Blaicon y su esposa Loisenette Helene Francisca Joubert Prince salieron para Venezuela a realizar su práctica de Odontología. En Venezuela tuvieron cinco hijos más. Entretanto el padre de Germaine, transcurriría sus años escolares en Aruba. Terminados sus estudios de idioma y contabilidad trabajó para la Shell Oil Co, en 1928. Allí conoció a Sarah Essytha Eman y se casó con ella en 1933. Trabajó en el Banco Alemán, cuando éste se instaló en Aruba, pero después del nacimiento de Germaine en 1936 se dedicó a su propio negocio farmacéutico que mantuvo hasta 1988.

Germaine Nouel Eman fue la hija única de esta unión. Sus padres se separaron en 1942 y  en 1952 Gustave Nouel vuelve a casarse con Margarita Croes Van Beelen de Curazao, matrimonio del que  nacieron cinco hijos más. Por más de cincuenta años, Gustave Nouel fue miembro de los Rotarios, pero un miembro activo, siendo presidente y gobernador varias veces y muy emprendedor en las juntas de consultoría comerciales y gubernamentales. Germaine Nouel teminó sus estudios universitarios en Holanda y  casó con Ronald du Puy en Aruba. Durante  nueve años, desde 1962 a 1970, vivieron en  Curazao desde donde partieron a Bussum en Holanda donde se radicaron. Tienen cuatro hijos. Desde los diez o doce años, Germaine fue grabando en su memoria los cuentos de las tías abuelas solteronas, las anécdotas familiares y los retazos de historias que podían conformar aquel  extraño encaje que tejía filigranas entre Aruba, Curazao, Bonaire, Venezuela y Santo Domingo. Con Aletta Beaujon se conocían desde niñas porque ella  viajaba a menudo a Curazao a quedarse con las tías de su padre. En la década de los setenta y ochenta, Germaine comienza a indagar en los orígenes familiares. Y lo hace a partir de un árbol genealógico enviado por su padre y por viejos documentos que llegan por  correo y que la enfrentan a las  actas de nacimiento y bautismo de los ancestros en Angulema.

En 1986, Gustave Nouel enferma y la casa de Aruba se cierra. El y su esposa se radican en Holanda y  al anunciarle que la casa será vendida,  Germaine, su hija, regresa a la vieja casa en busca de los  papeles que pueden develar el  lejano pasado. En un viejo garaje en  estado ruinoso, ella recuerda cuando era una niña de 12 años y sus tías abuelas le auguraron que, cuando supiera francés le permitirían leer los papeles del gran papá Adolphe. Cuarenta años han pasado y ella se ha re encontrado con testimonios que tienen más de doscientos años y  a los cuales el calor y la humedad  del Caribe no han tratado muy bien. La rama de Curazao y Venezuela se origina con Adolphe Stanislas Nouel Colon, hijo de Merced Colón y Jean Baptiste Adolphe Nouel Gobert.  Este, que había nacido el 8 de junio de 1843 en Santo Domingo, estudió Filosofía y Letras en  la Sorbona de París. Casó con Nicolasa de la Madriz y Cossí y Coro, perteneciente a una rica familia de Venezuela, dueña de la península de Paraguaná, cerca del lago de Maracaibo. De los once hijos nacidos, la primera: Merced Nouel de La Madriz  casaría con su tío, Augusto Adolfo Nouel Colón, quien había estado enamorado de su sobrina Altagracia,  residente en Santo Domingo e hija de su medio hermano Carlos Rafael Nouel Pierret. De este matrimonio nacerían Nicolasa, Herminia, Mercedes, Theliciá, Rose Marie y Auguste Nouel Nouel.

El segundo hijo Adolphe Stanislas Nouel de La Madriz casaría con Reyes Arias de tradición indígena, en Venezuela. La tercera hija Marie Antoniette Clemencia Nouel de La Madriz casaría con Jean Jacques Debrot, curazoleño de origen suizo. Serán los padres de Alette Clemencia Beaujon Debrot Nouel .

Nacida el primero de mayo de 1933 compartiría, siendo niñas, las tardes de Aruba con su prima Germaine Nouel en casa de las tías abuelas: Theliciá, Nicolasa, Mercedes y   Herminia. Años más tarde, y ya adultas alrededor de 1988 se reencontrarán en Francia y juntas recobrarían el tiempo oculto de sus mayores. Visitan París y Angulema y acompañadas por madame Boncenne recuperan los testimonios del hostal Nouel frente a la plaza del mercado de Angulema. Encuentran la casa donde los Nouel habían vivido en 1795. En París descubren que Francois Nouel Naulin era un masón y que todos sus descendientes caribeños lo fueron, cortándose la tradición con el padre de Germaine que se cambia a los rotarios e interrumpe la larga tradición masónica de los Nouel.

Como en cuadro de  Vermeer y con la larga paciencia de una encajera, dos mujeres: Alette Beajuon Nouel y Germaine Nouel du Puy tejen el cañamazo de una historia familiar, con cartas amarillas por el tiempo donde Marie Sophie Gobert Nouel  reclama al cónsul francés en Santo Domingo, las propiedades perdidas en la finca de Yuma, común de Higuey, en 1848. Cartas donde Adolphe, después de un viaje a Haití, encuentra a su padre muerto, largos relatos entre Carlos Nouel Pierret y Ana Blaicon de Nouel siguiendo los pasos de  una caja de caoba  centenaria, que él mandó a hacer  para ella  en 1888. La búsqueda de una tumba donde  fue enterrada una bebé, Marie Eufrasia Fedora nacida el 13 de marzo de 1841 y muerta  tragicamente el 10 de julio de 1842. La historia oral, donde las tías abuelas Elodie y Theliciá Nouel Blaincon relatan la muerte  violenta de esa bebe, cuando los esclavos quemaron la finca de  Boca de Yuma, antes de salir la familia con destino a Curazao, huyendo a la rebelión.

Tiempo de revolución,  de escarapelas y árbol de la libertad, tiempo de travesías entre Puerto Príncipe y Francia, en un barco atestado de refugiados, que resultaron todos masones, casi todos miembros de un club De Filadelfos, muy poderosos en Santo Domingo. Tiempo de diáspora  y exilio . Tiempo de cimarronaje y huida. Un tiempo de furor que con parsimonia femenina, los Nouel han ido  develando en busca de la semilla,  navegando  los mares de la tatarabuela mítica, prolongando y buscando en el largo encaje de historias familiares y humanas que va del Caribe a los muelles de Delft, el secreto de un linaje  varias veces centenario.

 

 

 

Sumarios

 

Habían sido arrojados a ese rincón del mar Caribe, enfrentados al largo litoral venezolano, recordando en sus calles los primores de un encaje de Vermeer, o los interiores adornados de grandes armarios, hinchados de prosperidad.

 

Reaparecían caireles y arañas, espejos de aguas profundas, los cristales y las porcelanas de la infancia, con el sabor del siglo XVIII, cargado de revoluciones, misterio y lejanía.

 

De Bussum en Holanda, Germaine Nouel, remonta su infancia y también la de su padre, Gustave Guillaume Adolphe Nouel Joubert.

 

Fue grabando en su memoria, los cuentos de la tías abuelas, que tejían filigranas entre Aruba, Curazao, Bonaire, Santo Domingo y Venezuela.