#1

Sábado 31 de enero de 1998.

 

 

La familia Prieto o las celadas del amor.

Por Graciela Azcárate

 

Le recordó que los débiles no entrarían jamás en el reino del amor, que es un reino inclemente y mezquino, y que las mujeres sólo se entregan a los hombres de ánimo resuelto, porque les infunden la seguridad que tanto ansían para enfrentarse a la vida

El amor en tiempos del cólera de Gabriel García Márquez

 

Parado frente a la casa  de los Capo de Antonzanntti, Esteban Santos Prieto Casas supo que no había retorno.

Las estratagemas del amor son tan largas y extremas y agudizan el ingenio de tal manera que no halló mejor argucia que recurrir a las reposterías y panes que su madre  le enseñó antes de morir, para llegar a su enamorada.

Si las señales del amor pueden cabalgar por los hilos de conjuro de un telegrafista de Aracataca, hay otras celadas  que tiende el amor y pueden llegar enquistadas en la fragante masa de un pan.

Por eso, frente a la casa de los padrinos de Carmelita Buenaventura Peña Peña , Esteban Prieto arregló su largo bigote, y le dio un toque  a la caja con el bizcocho, que en el interior guardaba la carta con la declaración más encendida de amor y una propuesta de matrimonio.

Si la bella ponceña daba el sí, atrás quedaba España, León, su orfandad y el señor obispo enfurecido.

Había nacido en la región de León,  a caballo de dos pueblitos enterrados en la meseta castellana: Villamañán y Valdevimbre.

Del primero provienen los Prieto y Casas del segundo.

Esteban era hijo de Pablo Prieto y de María Casas y ambos poseían una panadería en el centro del pueblo.

Al morir la madre, el padre volvió a casarse y decidió internar a Esteban en un convento católico y a su hermana Gertrudis en un noviciado.

Avanzado estudiante del Seminario todo hacía prever que tomaría los hábitos en poco tiempo. Sin embargo, el futuro se tergiversa cuando un tío sacerdote, apodado el Curón por su gran tamaño, lo invita a una tarde de toros. La tarde de toros le cuesta el seminario y le cambia la vida.

Los estudiantes del Seminario tenían prohibida esa actividad y al enterarse el Obispo Superior de la diócesis de León, de su escapada taurina ordena   que se le reprueben todas las materias y lo obliga a repetir el último año.

Premonición o advertencia, Esteban Prieto Casas entra en rebeldía.

Ni tonsura , ni cirios, ni seminario: la vida sigue en América

Entusiasmado por los relatos de un amigo embarca rumbo a América. Hace escala en islas Canarias, y de allí a Puerto Rico.

Se instala en la ciudad de Ponce,  donde vivía un amigo con el cual emprende el negocio de  panadería y repostería que había aprendido de sus padres.

Alquimia perfecta de harina, levadura, leche,  miel y jengibre.

Fragancia de pan recién horneado, conjuro de tierra amable con el corazón dulce de la melaza.

Y la vida se enrumba por los desafíos que le planta una ponceña de origen  español e isleño,  por cuyas venas corría sangre alemana y holandesa. Carmen Peña Peña, vivía en casa de sus padrinos, los Capo de Antonzanntti pues sus padres habían muerto cuando era muy pequeña.

Como no la dejaban salir con extraños, el joven panadero no halló mejor camino al corazón que una repostería para guardar la carta de amor y su propuesta matrimonial.

En marzo de 1900, ante la Oficina del Registro Civil de la ciudad de Ponce, Esteban Prieto Casas y Carmela Buenaventura Peña Peña contrajeron matrimonio civil y ese mismo día se embarcan rumbo a República Dominicana, arribando a fines de marzo a San Pedro de Macorís.

En San Pedro de Macorís y La Romana trabajó para los ingenios de caña, siendo administador de diferentes bodegas en los bateyes.

Allí nacen sus hijos: Esteban en 1901, José María en 1904, Rafael Pedro en 1908, Blanca María del Carmen en 1910, Manuel Emilio en 1912, Ramón Julio en 1913, José Antonio en 1915 y por último Luis Guillermo en 1917.

En 1908 trajo a su hermana Gertrudis que vivía en un convento de Monjas. En el hospital de San Pedro de Macorís, conoce a un gallego con el que se casa y procrea mellizos pero mueren. Luego nace Juan Pablo. En 1929 regresan a España y se instalan en La Coruña.

 Esteban es invitado por los primos Arévalo Casas, que vivían en  Panamá para que pruebe fortuna en ese país centroamericano.

 Pero no se siente a gusto y les ofrece, en cambio que ellos se trasladen a Santo Domingo y vean las posibilidades de trabajo. Emprendedores y trabajadores, trajeron vehículos e incursionaron en el negocio de los refrescos, convirtiendo las empresas de venta de gaseosas en un emporio en ese rubro, hoy día es el más grande del país.

Entretanto Esteban Santos se dedicó al negocio de fabricación de dulces, panes, bizcochos, destilación de alcoholes.

Fue uno de los fundadores de la casa de España en San Pedro de Macorís. Muy joven aún enfermó y murió a la edad de cincuentaiún años, en 1933.

El primogénito, Esteban casó en primeras nupcias con Victoria Sánchez Moscoso y en segundas nupcias con Carmen Mejía . A la hora de su muerte estaba casado con la puertoplateña Nidia Mera.

José María, el segundo hijo se fue a vivir a los Estados Unidos y casó con Agnes Conde de origen puertorriqueño, luego casó con la española Soledad Alvarez. Esta, al enviudar se traslada con sus hijos, a vivir a Santo Domingo en los alrededores del convento de los Dominicos.

Rafael Pedro casa con Isabel González en San Pedro de Macorís; Manuel Emilio casó con la macorisana Hortensia Caldentey Ordoñez: Blanca María del Carmen casa con el capitaleño Alejandro Ibarra Ramírez; José Antonio se casa con Belén Amada Durán Amiama; Ramón Julio y Guillermo Luis se casan en 1945 con Margarita Vicioso Bonnet de Santo Domingo y el segundo con la puertoplateña Aída Lucía Nouel Romero.

De los amores de Esteban el panadero español y Carmelita La ponceña, nació una familia de ocho hermanos que procrearon veinticinco hijos, cincuentinueve nietos y trece bisnietos.

Dedicados a los negocios, la diplomacia, las navieras, la construcción civil, el turismo, la filosofía, los seguros, la arquitectura y la administración de empresas. Dentro y fuera del país , los Prieto han conservado el gusto por las sazones de la comida española,  el orgullo de provenir de allí y el encanto de haber fundado algo nuevo en tierra caribe.

La abuela Carmelita se negó siempre a inscribir a sus hijos en la legación española o americana pues temía que las guerras se los arrebataran, como  un hermano desaparecido en la guerra del Pacífico.

Con la levadura especial del panadero Esteban Santos Prieto y la harina perfumada de Carmelita Peña, el amor horneó un pastel de ambrosía.

Con toques de almíbar puertorriqueño o encantos de torreja española, ellos lograron  cocinar una pan de dulzura.

Las celadas del amor tienden sus trampas, y en ellas cayeron un ex seminarista español  y una joven boricua . Entre los dos amasaron el pan  fragante de una familia proteica y nutricia y como  el milagro de los peces y panes  han logrado reproducir las semillas del ejemplo, la sabiduría y el tesón.

 

Pie de fotos.

Título de socio fundador del Centro Recreativo Español a nombre de Esteban Prieto, fechado en San Pedro de Macorís, 1918.

1-Esteban Santos Prieto Casas.

2-Carmen Buenaventura Peña Peña viuda Prieto, octubre de 1939.

3-Esteban Prieto Peña.

4-José María Prieto Peña, N.Y, 1931.

5 Rafael Pedro prieto Peña, febrero de 1933.

6- Manuel Emilio Prieto Peña.

7-Blanca María del Carmen Prieto Peña.

8-Ramón Julio Prieto Peña, Yokohama, 1939.

9-José Antonio Prieto Peña.

10- Luis Guillermo Prieto Peña, octavo hijo de la familia Prieto -Peña y padre del Ing. Luis Prieto Nouel.

11- Blanca Prieto y su hermano Luis Guillermo en un representación teatral, alrededor de 1923.

 

 

 

#2

14 de febrero de 1998

 

La familia Prieto

Edificaron días, esperanzas,

árboles, hijos, pájaros, canciones....

 

Historia de familia

Por Graciela Azcárate

 

El río entonces una madrugada

fue despertado por extrañas voces,

palabras dulces o ásperos sonidos,

el aire anduvo averiguando qué

demonios sucedía, que lenguaje

lo trizaba en cristales asombrados,

mientras los inmigrantes descendían

con los pantalones castigados, los

bolsillos llenos de nostalgia y unos

sueños, los pocos permitidos por

la Companía de Navegación.

 

Aquí vinieron italianos, turcos,

árabes, rusos, búlgaros, judíos,

eslovacos, polacos, españoles,

con los dedos del hambre en la mejilla,

con la lágrimas seca en el pómulo,

con las espaldas hartas del fusil,

del knut, del palo de la policia,

aquí vinieron, construyeron casas, relojes,

edificaron días , esperanzas,

 árboles, hijos, pájaros, canciones ...

 

Un viejo asunto de Juan Gelman

del libro Violín y otras cuestiones

 

Dicen que en el exilio, y no importa de que signo  sea, económico, político o personal, uno se muere dos veces. Se muere  al partir y se muere por segunda vez cuando  empieza el olvido.

Será por eso , tal vez que en casi toda Latinoamerica, hay multitud de valijas , maletas, cajas, donde se guardan de manera desordenada, sin orden ni concierto fotografías  y cartas amarillas por el tiempo y la soledad. A modo de conjuro tratamos de no olvidar, de apresar por un instante otro tiempo, convocando a la memoria, luchando contra el olvido, intentando  no volver a morir.

Todos hemos convivido con viejas cómodas, que en algún rincón de la casa guardaban  en el interior  descomunales mazos de cartas, atadas con cintitas, hojas, fotos, sobres escritos en lenguas extrañas con destinatarios lejanos que eran nuestros abuelos o más allá. También hubo algún pariente desaprensivo o simplemente ignorante que las quemó sin saber que en  ese acto carente de sentido, simbólicamente se le iba un trozo de vida o un pedazo de corazón o que simplemente se moría un poco más.

Somos hijos del exilio, y como tales llevamos en duermevela  a los nuestros , más allá de la rutina , del gesto cotidiano  o de la norma.

Pero en los nuestros, el exilio crece de distinta manera. Para algunos, es dorado, para los más es olvido, pena e incertidumbre, para otros es una nueva vida, o simplemente una forma de volver a empezar.

Para algunos es nostalgia, melancolía y silencio y para otros es trampolín al futuro.

Como un caleidoscopio, el exilio a lo largo del siglo, presenta mil caras, de ángulos diferentes , como diferentes son las personas y las circunstancias del corazón. En el caso de la familia Prieto  se remonta a los oscuros siglos de las Cruzadas y de los caballeros que peregrinaban a Tierra Santa. En el siglo XlV, en el lugar de Cabáceno aparecen documentos donde los Prieto tienen solar y escudo de armas y están enrolados en Las Cruzadas.

Escudo de armas que es premonición porque se compone de un castillo sobre un río,  dos lobos  negros, cinco conchas sobre el agua, una cruz, una bandera, otra cruz que parece de la Inquisición y ocho aspas por orla. Río de agua azul, que los llevaría a luchar, en Andalucía contra los moros , o a las puertas de Jerusalem con  los Caballeros de la  Orden de Calatrava. Como el río que es emblema de su  heráldica, los Prieto recorren  la provincia de Santander,Vizcaya, Asturias, y Burgos. En el el siglo XVll hay un  Capitán General  en Nueva Granada, un Obispo en Paraguay, otro en Cerdeña, un gobernador en Chiapas  y otro en Tenerife. Emblemático, el río azul y plata confluye en Esteban Santos Prieto  y Casas que en 1898, se embarca como inmigrante hacia América.

Como un río de llanura que describe largos meandros, la vida de los Prieto siguió discurriendo, como la cinta de plata del escudo, tocando Puerto Rico,  Santo Domingo y  San Pedro de Macorís. En 1916, la invasión norteamericana a Santo Domingo , particularmente feroz y sangrienta en el este decide a Esteban Prieto Casas a mandar a su esposa e hijos a radicarse a Mayaguez.

En Puerto Rico estudian los tres hijos mayores, Esteban , José María y Rafael. El derecho de primogenitura español, practicado por Esteban Prieto Casas  empuja al segundo hijo, José María a emprender el exilio hacia Nueva York. Cuatrocientos años atrás, los segundones de

las casas españolas fueron la carne fundadora de América,

precisamente por no encontrar ubicación social en la escala jerárquica de la sociedad de su tiempo.

En 1930, José Maria Prieto Casas, radicado en Estados Unidos  casa con la puertorriqueña Agnes Conde.  De esa unión  nace Agnes Prieto Conde Amstrong.

Su hermana Blanca  Ibarra Prieto lo recuerda, tocando el piano, en una fiesta de Hallowen en Nueva York,  cerca del mar y del agua, por la que sentía especial atracción.  Divertido, musical y bullanguero vivíó los años  de post guerra, 1927, boleros, música, mientras  su contemporáneo, Bola de Nieve desgranaba en los cabarets de La Habana, las canciones que él tocaba en el piano :

He renunciado a ti , ardiente de pasión,

no se puede tener conciencia y corazón.

Hoy que ya nos separa la ley y la razón,

si las almas hablaran , en su conversación

las nuestras se dirían, cosas de enamorados,

 no puedo ser feliz , no te puedo olvidar.

Poco  tiempo después, esta unión se disuelve  y la Segunda  Guerra Mundial levanta  un muro de silencio e incomunicación  entre aquella comunidad conmocionada por los campos de concentración, la guerra y el exilio europeo.

A finales de la década de los cuarenta los hermanos Ramón Julio y Esteban viajan a Japón y Nueva York representando una companía japonesa; Blanca Prieto Ibarra  y Alejandro Ibarra; Manuel Emilio y Hortensia Caldentey; José Antonio y Belén Amada Durán Amiama salen también al exilio en busca de mejores horizontes. Algunos regresan al poco tiempo, otros se quedan  para siempre y otros dejan pasar los años antes de regresar.

José María Prieto fundó una nueva familia y casó con Soledad Alvarez , unión de la cual nacieron : Richard Víctor, Ramona Lorraine y Ronald George. Richard está casado con Susan y tiene dos hijas, Ronald está casado con Jeannete y tiene dos hijos, un varón y una niña. Ramona no tiene hijos.

José María Prieto, a quien su familia llamó Tio Pepito, vivió toda su vida de exilio en Nueva York, junto al mar. Trabajó durante más de treinta años en la companía naviera SeaLand. Murió una  tarde de abril de 1992. Cuando su familia ordenó sus pertenencias encontró una maleta donde había guardado por más de cincuenta años  la historia de su exilio.

En el río que es la vida, Los Prieto fueron creciendo y diseminando la cinta azul de su emblema;  desde Tierra Santa, Andalucía, Tenerife, Mayaguez, Santo Domingo o Nueva York, los hilos de la vida  tejieron  una urdiembre  en la que quedó dibujado el contorno de  una familia que ha buscado siempre un mundo mejor para sí y los suyos.

Como Esteban Prieto Casas que decidió no ser cura, sino panadero y emigró para hacer una nueva vida en  América,  como Carmelita  que en 1916 se exilió para proteger a sus hijos del invasor , como Gertrudis Prieto Casas que vino a vivir con su hermano pero que no pudo con la nostalgia y regresó a La Coruña, como su hijo Juan Pablo Veira Prieto que volvió a San Pedro de Macoris sesenta años después, o como José María que siguió la ruta de los segundones castellanos, aquellos que peregrinaron al Nuevo Mundo, sin volver la vista atrás.

 Fieles a sí mismos, han seguido el largo río del exilio,  que no es más que el  sinuoso camino de la vida.

Aquel exilio, del que el poeta antillano Saint-John Perse habló, para definir la vida del hombre: Exilio no es la imagen de La Resistencia. Es un poema de la eternidad del exilio en la condición humana. Al fin de cuentas el hombre nace en la casa pero muere en el desierto.

 

Pie de fotos

1-José María Prieto bañándose en un lago, New Jersey, 1936.

2-Agnes Conde de Prieto y su hija, mayo de 1938.

3-José María Prieto,1931.

4-Agnes Prieto Conde Amstrong, 1979.

5- Tumba de José María Prieto Peña en New Jersey.

6- Richard Prieto Alvarez con su esposa Susan y sus hijas Stephanie y Shally.

7-Escudo de armas de  la familia Prieto.

8-Jeannette Kontiez de Prieto y sus hijos Ilona y Ronald Jr. Prieto Kontiez, N.Y, agosto de 1991.

9- Soledad Alvarez Vda. Prieto, su hijo Ronald Prieto Alvarez y su esposa Jeannete, octubre de 1993.

10-José María Prieto Peña y Guillermo Prieto Nouel. Primer encuentro de la familia Prieto de Santo Domingo con los Prieto de Estados Unidos.

 

Foto principal

11- La familia Prieto Peña en una foto  de principios de siglo.

Sentada: Carmen Peña de Prieto, al lado su cuñada Gertrudis Prieto Casas,  sus hijos Esteban, Rafael Pedro , Manuel Emilio a la izquierda, en brazos de su madre, José Antonio, a la derecha: Ramón Julio, Blanca y José María de pie.

Esta foto fue tomada en 1916 para  sacar un permiso de viaje a Puerto Rico.

 

 

 

#3

28 de febrero 1998

 

La familia Prieto

Carmen la de Ponce

 

Historia de familia

Por Graciela Azcárate

 

...esa América española

que tiembla de huracanes y que vive de Amor:

hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.

Y sueña. Y ama, y vibra: y es hija del Sol.

Tened cuidado. ¡Vive la América española!,

hay mil cachorros sueltos del León Español!

 

 Oda a Roosevelt de Ruben Darío.

( nicaraguense, 1867- 1916)

 

En el frío de la tarde, el olor de  la cebolla y el aceite de oliva  se derrama con brío bienhechor y la cálida sensación del aceite  tibio se alivia el  dolorido oído mientras el padre, la  arropa  con un poncho pampa, le canta una copla asturiana, y convoca al espíritu de la abuela que tenía esa receta especial para curar el dolor de oídos.

Dicen las tradiciones  orientales, que en un  cuadrado mágico, la casa contiene ocho cuadrados que albergan, remordimiento, curación, prosperidad, catástrofes , longevidad y  a los antepasados.

En un cuadrado perdido, los espíritus de los ancestros  que abarcan, abuelos, tatarabuelas, bisabuelos, abuelas  y tatarabuelos se reparten  ese rincón de bienaventuranza. Como un mándala premonitorio, ese rincón oblicuo convoca los espíritus familiares que  acompañan, ayudan, reprenden  y aconsejan.

Muchas veces en ese rincón ignorado, las plantas crecen diligentes, la luz  tiene un fulgor especial, el gato lo elige para tutearse con la eternidad, y  si coincide con la cocina, los ancestros culinarios, hacen toda suerte de travesuras y los más ricos olores salen de la  paila y el horno. Carmen Buenaventura Peña Peña, conjuga esa cualidad de abuela ancestral.

Totémica  y matriarcal iniciará la larga lista de Carmenes en la familia Prieto.

Como los miles de cachorros sueltos del león español, junto a Esteban Prieto Casas , sembró buena simiente. Sobrevivió desastres, guerras, la muerte del marido, el exilio, crió ocho hijos y mantuvo la seña de su nombre.

Las Carmenes se multiplicaron, como los panes que aprendió a hornear con el panadero Esteban Prieto Casas.

Nacida en la ciudad de Ponce en Puerto Rico , el 14 de julio de 1876, sus padres eran naturales de las islas Canarias. Por parte del padre se emparentaba con los Peña Gautier y por parte de la madre eran Peña también pero con ancestros holandeses y alemanes. Huérfana desde pequeña fue criada por su madrina, con la familia Capó Antonzanti. Sus hermanas de crianza,  permanecieron solteras y para evitar ese destino de soledad casó con Esteban Prieto Casas, el 22 de marzo de 1900, en la ciudad de Ponce. Fueron testigos de la boda el músico Simplicio Llesquís Sampera, el industrial David Mateo y el cochero, H. catalá Z. Se trasladaron inmediatamente a vivir a República Dominicana.

De los ocho hijos que tuvo, sólo nace una mujer,  y en la mejor tradición hispana es bautizada con el nombre de la madre.

Blanca María del Carmen, nace el 22 de diciembre de 1911 en la ciudad de San Pedro de Macorís. Casa con Alejandro Ibarra el 29 de abril de 1940 y tiene una sola hija. Hasta el día de su muerte repartió su vida entre Santo Domingo y Nueva York.

El primogénito, Esteban casó en primeras nupcias con Victoria Sánchez Moscoso el 28 de diciembre de 1924 en Nueva York. En su tercer matrimonio casa con una hija de Carlos Mejía de San Francisco de Macorís. Con Carmen Mejía Luna procrea a Zuleica del Carmen, nacida el 19 de abril de 1946 en Santo Domingo. El tercero de los hijos es Rafael Pedro, quien fue el encargado de llevar la familia adelante. Casó en San Pedro de Macorís con Isabel Mercedes González Fernández. De esa unión nacen dos hijas: Carmen Josefa, quien nace  en Santo Domingo el 20 de Julio de 1939. Carmen Josefa casó con Roberto Paulino Pérez, tienen un hijo y cuatro hijas. La primera de ellas se llama Aleska del Carmen y está casada con Luis Oscar Valdéz Burgos. El cuarto hijo, Manuel Emilio, casó con la mallorquina Hortensia Caldentey Ordoñez, en San Pedro de Macorís el 2 de octubre de 1938 . De esa unión nacieron dos hijos. Su hija mayor fue llamada Carmen María y nació en San Pedro de Macorís el 2 de octubre de 1940. El sexto hijo , Ramón Julio ha dedicado su vida a la aviación, pionero en turismo en Santo Domingo. Casó con Margarita Vicioso Bonnet el 21 de abril de 1945 con quien procreó una hija y dos varones. Su única hija, Carmen Rosa nació el 11 de enero de 1946 en Santo Domingo.

El último de los Prieto Peña , Luis Guillermo tuvo todos hijos varones y no tuvo oportunidad de poner el nombre de Carmen Aída a una hija mujer. Pero sus descendientes, sí eligieron para sus hijas mujeres el nombre de las abuelas.

Guillermo Antonio bautizó Carmen Margarita, a la segunda de sus tres hijas, nacida el 29 de marzo de 1973 en Santo Domingo.  Luis José, quien tiene dos hijos varones   bautizó con el nombre  de Carmen Aída a su única hija, nacida en septiembre,  cumpliendo el deseo del abuelo, de por fin tener una confluencia de dos abuelas.

Como símbolo totémico, Ramón Julio bautizó con el nombre de Doña Carmen, el edificio de la calle Francia donde están alojadas las oficinas de Prieto Tours, y nombró como madrinas del edifico a todas las Carmenes de su familia.

Hay mil cachorras de leona,  sueltas en tierra caribe, con el espíritu de las mujeres de la familia, siembran la bienaventuranza, pero no son Carmen la de Ronda sino descendientes  directas de  Carmen, la de Ponce.

 pie de fotos.

  4-Carmen Buenaventura Peña de Prieto.

 

1- Familia Paulino Prieto. Padres: Dr.  Roberto Paulino Pérez y Lic. Carmen Josefa Prieto González de Paulino.

 Hijos: Roberto Paulino Prieto y Lourdes González  Abud; Aleska del Carmen Paulino Prieto y Luis Oscar Valdéz Burgos; Laura Paulino Prieto y Henry Fuentes Izquierdo; Virginia Paulino Prieto y Robert Guerrero Mieses; Claudia Paulino Prieto. Nietos: Gian Roberto Paulino González, Alejandro Joel Paulino González, Daniel Paulino González, Luis Oscar Valdéz Paulino y Henri Fuentes Paulino.

3-Familia Prieto Peña. De izquierda a derecha, sentado: Manuel Eduardo Peña Prieto. Parados : Alejandro José Prieto Peña, Manuel Arturo Peña Morel, Carmen Rosa Prieto Vicioso de Peña, Osvaldo Ramón  Peña Prieto. Sentado: Ricardo Arturo Peña Prieto.

Foto realizada el 19 de abril de 1996, en las bodas de Ricardo Arturo Peña Prieto y Regina Vitienes Valdéz.

 

O-Foto de Carmen Prieto con sus hijos, preparándose para el exilio en Puerto Rico, 1916.

2- Escudo de armas de la familia Prieto

5- Américo Lugo, Carmen vda. Prieto, Lolita Nouel de Lugo.

6- Blanca María del Carmen.

7- Blanca María del Carmen, 1935.

7- Alejandro Ibarra, Blanca Prieto de Ibarra, Belén Amada de Prieto y Elsie Blanca Prieto.

8- Carmen Josefa Prieto González de Paulino.

9- Carmen María Prieto Caldentey, La Romana, febrero de 1957.

10- Hortensia Caldenty de Prieto, San Pedro de Macorís, 1937.

11- zuleika del carmen Prieto mejía. De izquierda a derecha, Esteban Prieto, Carmen Mejía, Aída Nouel de Prieto y Luis Guillermo Prieto.

12- Carmen Aída Prieto Villegas