De migraciones y exilios

  por Graciela Azcárate

 

Me voy porque la tierra, el pan y la luz ya no son míos

León Felipe

 

La historia de las migraciones españolas hacia América después del Descubrimiento es considerada por los historiadores como  el mejor legado de la historiografía hispana. El capital humano es el principal aporte de la Península a la construcción nacional de los países americanos.

La empresa del Descubrimiento y de la Colonización del Nuevo Mundo fue la nueva utopía que movilizó  no sólo la emigración española al Caribe sino la de grupos de distintas nacionalidades casi todos empujadas por penurias económicas o por persecuciones políticas y religiosas. América y en especial El Caribe se constituyó en un mar cerrado e interior que como el Mediterráneo  albergó una masa poblacional con diferentes características y de distinta extracción social y religiosa.

Del continente europeo trajeron ya  una larga historia de desplazamientos, migraciones y exilios. No sólo por razones económicas, o políticas sino por causas religiosas como fue la expulsión de moros y judíos en la España del siglo XV.

Es hacia la isla La Española que va dirigido el primer destino de ese flujo migratorio,  pero que perdió impulso en la segunda mitad del siglo XVI cuando la búsqueda del mitológico El Dorado se trasladó a Tierra Firme.

En los siglos XVII y XVIII la región caribeña recuperó su papel  de área receptora  de la emigración hispana hasta convertirse, en el siglo XIX en el principal destino de ese grupo migratorio.

Las islas Canarias, Galicia, la zona del mar Cantábrico y Catalaluña serán los principales polos que alimentarán esa marea humana que respondió a la llamada de lo nuevo para "hacer la América".

El archipiélago de las Canarias fue la principal y más temprana región que migró y en segundo lugar el contingente más importante será el que proviene de Andalucía y que por su ubicación geográfica era la salida para América. Si bien el descubrimiento indiano fue una atracción para movilizar los grupos humanos, ya existía una movilidad anterior sustentada en lo que ocurría en el tejido social, económico y jurídico- institucional y es un dato muy importante que la primera experiencia migratoria de Castilla fue hacia el archipiélafo canario cuya repoblación y colonización motivaron las primeras medidas institucionales favorables al despazamiento.

Sevilla será el inicio y las Canarias y sus puertos, quedaron convertidos desde el primer momento en escala obligada para el Nuevo Mundo.

El flujo migratorio tendrá casi siempre un fuerte componente familiar pues es la familia y las relaciones que se entretejen la que costeará el viaje. En un  primer momento los señores conducen a sus vasallos, como es el caso de la migración canaria al Caribe, donde La Corona otorgó asientos para poblar determinadas regiones a miembros   de las elites locales,  quienes  contrataron mano de obra  libre o sino los que vendían su fuerza de trabajo a cambio del precio del traslado.

En muchos casos eran campesinos reclutados entre las unidades familiares de las comunidades aldeanas sometidas a la influencia económica  de la elite que estaba vinculada al proyecto colonizador. La expansión comercial es uno de los factores de la movilidad de personas pero esencialmente para dar aliento a la economía de las plantaciones.

Bartolomé de Ponte, había nacido en  Génova, pero procedente de Sevilla contribuyó con su dinero a la conquista de Tenerife recibiendo en compensación mercedes para la posesión de tierras y aguas para el cultivo de la caña de azúcar. Instalado en el principal puerto de Garachico su familia creó un patrimonio importante agrario y se vinculó a comercio con Europa y América.

Uno de sus descendientes, Juan de Ponte Rebolledo y su yerno el mercader flamenco Pedro Blanco Gheeraert vendieron su patrimonio y se embarcaron en 1603 hacia Venezuela llevando consigo sus familiares, criados, esclavos, capital y mercancías.

El Ayuntamiento de Caracas les repartió tierras aptas para el cacao y ambas familias Ponte y Blanco participaron en la formación de la nobleza criolla del cacao, al tiempo que mantuvieron lazos comerciales con sus parientes canarios.

La migración vinculada al capital mercantil unió Génova, Sevilla,  Canarias y finalmente América.

Pero no sólo emigraron los que poseían capital sino que muchos pagaron su pasaje en destino mediante  el trabajo personal en las haciendas o en los talleres indianos durante un número de años especificado con sus nuevos amos.

Acabado el contrato podía trabajar por cuenta propia en los oficios urbanos o convertirse en un pequeño hacendado esclavista.

Al cambiar las condiciones económicas de Castilla hacia 1650, disminuyó la inmigración, hecho reforzado por el repunte económico de Galicia, Cataluña, el Cantábrico y el Levante hasta los primeros treinta años del siglo XVIII.

Hacia 1750 vuelve el flujo de inmigrantes determinado por la ruina de las manufacturas y de las actividades urbanas, la presión rentista y las crisis agrarias. Pero en parte, la inmigración estuvo frenada por las guerras de las colonias, las guerras contra los franceses y finalmente las guerras de independencia.

Las señas de identidad de los inmigrantes eran emigrar solos, ser en su mayoría hombres jóvenes y estar solteros.

Pero en todos los casos la decisión de emigrar  era una responsabilidad que se tomaba en familia, que implicaba una inversión económica que comprometía al nucleo familiar y que estaba determinada por la clase social a la cual pertenecía.

Se va conformando una "economía de la migración", con grupos muy claros de flujo emigratorio como el vasco y catalán fundamentado en la actividad mercantil y la emigración canaria eminentemente vinculada a la actividad agraria.

El principal destino de la comunidad canaria será hacia Cuba y Venezuela que ofrecía ganancias y oportunidades de inversión en las economías coloniales de plantación.

La emigración masiva española hacia el Caribe se da hacia 1860 pero ya venía dándose desde 1830.

El flujo de inmigrantes que se dio entre 1830 a 1860 tenía características de emigración familiar salida de la región Castilla-León y estimulada  por políticas migratorias como es el caso de Cuba, Brasil y Venezuela, que actuaron a favor de ua inmigración familiar subvencionada.

También se dio el caso de migración no sólo de la diáspora familiar, sino individual, masculina, estacional y por temporadas vertebrada según las demandas del mercado de trabajo de América.

Entre los canarios eran en su mayoría de extracción campesina, pero a partir de la crisis de la economía colonial y la industrialiación, los inmigrantes eran pequeños comerciantes y artesanos que salieron de los puertos del litoral catalán, de Galicia y se sumaron los artesanos vascos  que emigraron en la primera mitad de la década del siglo XX cuando entraron en crisis las ferrerías tradicionales.

De 1850 a 1900 la industrialización en España trajo un cambio radical de la geografía industrial y produjo la ruina  del artesano especialmente las industrias textiles.

Se da un progresivo aumento de la calidad de mano de obra asalariada, y de los campesinos del inicio de la emigración inicial, los grupos emigrantes tienen un mayor nivel social y profesional.

Las causas de la emigración que se produce de 1880 a 1920 está determinada por  el crecimiento de la población, la agricultura atrasada, el predominio de la pequeña propiedad, el sistema hereditario desigual, altas tasas de analfabetismo, bajos niveles salariales, escaso desarrollo urbano o industrial pero esencialmente  una fuerte tradición migratoria.

Además la cadena migratoria familiar funciona comunicando  y difundiendo las oportunidades  económicas en América.

La emigración  de la ép[oca se caracteriza por los indianos de leontina y centenes y luises de oro que regresan a Asturias a construir sus mansiones  cimentadas en las fortunas indianas.

A las primitivas relaciones de vecindad, parentesco y solidaridad campesina de la primera oleada , se sucede una oleada de una minoría selecta compuesta por pequeños propietarios rurales y artesanos que emigran con cierta fortuna y capital y que les permite crear un patrimonio en América  con el aporte de la mano de obra libre asalariada. Es el caso de los contratos  de trabajo de los colonos isleños a Cuba  a mediados del siglo XX, en donde abundan los españoles  artesanos, vendedores de frutos del país, bodegueros, constructores.

Galicia, Asturias, el País Vasco y Cataluña aportan ejemplos de este pequeño grupo ilustrado. Funciona la relación de parentesco, su relació de sangre o sus vínculos comerciales con los terratenientes de América con quien ademeas elaboran y ejecutan el proyecto de colonización con braceros, renteros y medianeros. las familias evaluaban las grandes posiblidades en américa  y tejían los lazos sanguineos para escapar a la falta de trabajo, el paro y la miseria.

Pero ademeas el reapido acceso a la ttierra libre y fértil mediante una inversieon de corto capital y el apoyo de la fuerza de trabajo del entorno familiar  movilizó importantes nucleos familiares que intentaban reconstruir en América el patrimonio  familar perdido en España ante la proletarización desencadanada por el capitalismo y la industrialización.

Los colonos canarios del siglo XX sustituyeron al esclavo de las plantaciones cubanas y de los terratenientes criollos en Venezuela, y los emigrantes temporales del siglo XX recalaron en los ingenios y en las haciendas de tabaco de Cuba  conviertiendose en mano de obra asalariada.

Era muy común una décima que cantaba:

Para la habana me voy,

madre, a comer plátanos fritos,

que los pobres de aquí,

son escalvos de los ricos.

 

 

 

De migraciones y exilios

 por Graciela Azcárate

 

"Abandonaremos nuestra Patria y nuestra parentela porque ha dominado nuestra tierra un dios estéril"

Códice nahualt

 

Hace miles de años, mucho antes de la llegada de los españoles, en la ribera del lago de Managua, en Nicaragua, en el corazón del itsmo centroamericano, en Acahualinca  quedaron impresas en la piedra pómez del barranco las huellas de un pueblo en fuga.

En la lava fresca de un volcán en erupción quedaron indelebles las huellas de los pies de hombres, mujeres y niños y hasta las pezuñas de los animales que los acompañaron en el exilio huyendo del cataclismo.

Más allá de las culturas, la religión y las costumbres, el género humano no se diferencia en la necesidad de trashumar, buscando nuevos horizontes, mejores pastos, buena caza o simplemente huyendo de "un un dios estéril".

Americanos y europeos han quedado unidos, a través de los siglos por una búsqueda instintiva de partir, de fuga  o de exilio.

En Europa, por la gran gran puerta del sur, España salió al exilio. Fueron muchos los motivos y  viene de tiempo inmemorial.

Por cientos de años, transhumantes, los españoles buscaron otros puertos y otros horizontes. Si las razones fueron la Reconquista y su lucha contra el moro, más adelante América sería el puerto de su futuro anhelo.

Guerras, persecuciones y herejías fueron las primeras causas, después la pobreza, las hambrunas y la miseria apuraron las olas de otros exilios al nuevo continente.

A principos del siglo XX la inmigración española se sucedió en tres etapas que tenían características urbanas determinadas por las regiones de donde procedían como Cataluña, Bilbao, Galicia y las islas Canarias. 

Sus inmigrantes guardaban las características de una pequeña  clase de contables, comerciantes y artesanos que partían hacia América con cierto capital, avalados por la familia que poseedora de pequeñas empresas, unían América y la metrópoli no sólo  a través de los lazos sanguíneos sino de los vínculos económicos.

El Archipiélago canario fue la región migratoria hispana más temprana y de mayor intensidad desde el siglo XVI.

Tuvo una destacada presencia en el Caribe  e influyó en los procesos de asimilación y sincretismo cultural generados por el proceso migratorio no sólo en el lugar al que llegaba sino en las mismas islas de procedencia.

Es muy importante tener en cuenta, cuando se desea construir un árbol genealógico  del Archipiélago canario que durante los siglos XVI y XVII se producen cambios frecuentes en los apellidos aunque no corresponda en esa generación porque va ligado a la posesión de varonía o mayorazgo o porque es el apellido del antepasado más notable, también es posible que cambie de apellido al moverse del sitio, que un apellido se singularice o que al llevarlo una mujer se feminice, o que en el caso de los apellidos vascos o navarros se castellanicen como sucede con la emigración de estos pueblos cuando llegan a Andalucía.

En el caso de los apellidos localizados en Canarias hay que tomar en cuenta, que desde que estos se incorporaron a la Corona de Castilla a finales del siglo XV tuvieron como régimen filial un matriarcado que tuvo vigencia hasta el primer tercio del siglo XIX y que sólo desapareció por completo al implantarse el Registro Civil en 1870. Esta costumbre portuguesa del matriarcado imperó en las islas Canarias debido a la considerable población lusitana afincada en las islas y se generalizó a todas las familias.

Es llamativo que no hay familia en Canarias que pueda remontar su genealogía de varón a varón hasta la Conquista, ya que en todos los casos aparecía la mujer como eslabón imprescindible para la sucesión. Otro hecho llamativo era que no existía una legislación que exigiese poner a los hijos los apellidos del matrimonio, con lo que es frecuente encontrar hijos con apellidos completamente distintos a los padres, porque se transmitían saltándose generaciones o en muchos casos se le daba a los hijos los apellidos de parientes, padrinos o protectores. Por ejemplo  se dio el caso  que todos los hijos de los primeros señores y reyes de las Islas, doña Inés Peraza y don Diego García de Herrera se apellidaban distinto, cosa que se dio en Canarias hasta el siglo XIX.

La emigración española al Caribe, en la época contemporánea tiene tres momentos culminantes que se dan de 1830 a 1860,  con características eminentemente familiares.

Desde 1860  hasta  la primera década del siglo XX señala el inicio de la emigración masiva hacia las Antillas y la tercera gran ola emigratoria  se inicia con la diáspora republicana y  alcanza su apogeo a fines de la década de 1940.

La proclamación de la República en 1931, los problemas políticos  e ideológicos de esos años y la guerra civil  conformarían el más grande y apocalíptico movimiento humano hacia América.

No fue sólo el aluvión de refugiados que llegó a  Méjico, Argentina, Cuba, Santo Domingo, Venezuela y Estados Unidos, fue una generación  de  pensadores, políticos, intelectuales, escritores, cineastas, historiadores y filosofos arrojados a la diáspora.

Por la estrecha escalera de un conventillo en la calle Carlos Calvo en Buenos Aires, León Felipe subía a un  cuarto donde había encontrado cobijo para su dolor y escribía :

España...la España inmortal de la sangre...

limita

al norte...con la pasión,

al oeste...con el orgullo,

al este...con el lago de los estoicos...

y al sur...con una puerta inmensa que mira al

Mar y a un cielo de nuevas constelaciones.

Por esta puerta salí yo...

Todos los poetas del Destierro...

y todos los españoles del éxodo y del Llanto.

Por esta puerta nos empujó el Viento...la Historia...

la Gran Historia...Dios... hacia los

brazos abiertos de América...

Si el mayor aporte español a través de los siglos fue el contingente humano que se fue instalando a lo largo de  la geografía de un continente, en el caso del exilio republicano, América se enriqueció intelectual y espiritualmente de una de las generaciones más brillantes y fecundas.

Fueron la semilla como dijo el poeta León Felipe:

"Al final...después de mil episodios y disputas...

el Viento se hizo vendaval y

borrasca...y empujó a unos españoles...

a ciertos españoles elegidos...hacia la gran puerta que

mira al mar y a las estrellas...

Por allí salimos...

Por allí salí yo...

Por allí salieron los españoles del éxodo y del Llanto.

Entonces Franco dijo:

"He limpiado la nación...

He arrojado de la Patria la carroña y la cizaña"...

Pero el Viento...La Historia...La Gran Historia...

Dios habló de esta manera:

¡He salvado la semilla mejor!...¡Y aquí nos trajo! "

En República Dominicana el grupo de exilados españoles tuvo una profunda  influencia en la vida cultural del país.

Vicente Llorens en su libro " Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945"  hace un relato detallado de las familias y las personas que llegaron al país y cual fue el aporte que hicieron ya sea en el campo del arte, de la jurisprudencia o de la literatura.

En poesía se integraron López Alarcón, Agustín Bartra, José Ramón Arana, Baltasar Miró, Alberto Paz, Nieto Peña y Bernardo Clariana, en literatura el aporte vino de la mano de Carmen Stengre, Mariano Viñuales, Eugenio Granell, Riera LLorca, Eduardo Capó y David Arias; como ensayistas  Serrano Poncela y Fernando Sainz; Jesús de Galíndez y José Almoina trabajaron en el área de la historia y fueron dos víctimas del régimen de Trujillo; en los estudios jurídicos  destacaron Bernaldo de Quiróz y Javier Malagón,  la Orquesta Sinfónica Nacional fue fundada por el maestro Enrique Casal Chapí.

José Gausachs Armengol, José Vela Zanetti, Angel Botello y Antonio Prats Ventós y Shum fueron los artistas plásticos.

En publicaciones de la época como los "Cuadernos dominicanos de cultura "  escribían colaboraciones Constancio Bernaldo de Quirós, José Ramón Estella,  Alberto Paz, María Ugarte de Brusiloff, que también escribía en el " Boletín del Archivo Nacional" y Manuel Valldeperes.

Para todos ellos el trópico fue una nueva vida llena de experiencias y  aprendizaje.

El recuerdo de lo dejado, el nuevo país al que habían llegado con diferentes ciudades, pueblos, paisajes, comidas, música y una realidad política compleja les hizo revalorizar lo español, mirar la vida desde una nueva perspectiva y hacer carne lo que dijo el poeta Luis Cernuda: "Mucho enseña el destierro de nuestra propia tierra"

 

Pie de foto:

1-Códice colombino. Tututepec, Oaxaca. Siglo XII, es el único original prehispánico que se conserva en Méjico y que como el códice de Selden  construye la genealogía de los dioses de manera tradicional.

2-Partida desde Lisboa de Teodoro de Bry.

3-Descendientes de los  hermanos Simó que emigraron desde Barcelona a las Antillas hacia 1840. De izquierda a derecha: Gloria Delgado de Simó, Conrado Simó Knniping, Periandro Delgado, Alicia Delgado de Fernández y Luis Felipe Fernández.

4- Carmen Buenaventura Peña de Prieto con sus hijos, preparándose para el exilio en 1916, Puerto Rico

5- Juan Gaviño, abuelo materno de Juan Bosch emigró desde Galicia hacia Puerto Rico en 1870.

6- José Bosch Subirats salió de Barcelona en 1896 rumbo al Caribe.

7- Eugenio Granell  en 1995.

8- Grupo de artistas refugiados y dominicanos en 1940. De izquierda a derecha: Fraiz Grijalva, Manolo Pascual, George Hausdorf, Angel Botello, Compostella, Alloza, Rivero Gil, Yoryi Morel, Vela Zanetti, Junyer y Darío Suro.

9- El pintor José  Gausachs.

10-Exposición de Manolo Pascual, el dibujo del cartel es de Rivero Gil.

11  Caricatura del  historiador Javier Malagón

12- Caricatura de Enrique Casal Chapí, músico madrileño y fundador de la Orquesta Sinfónica Nacional.

13 Cena en honor de José Giral celebrada en 1944. A su derecha: Guillermina Medrano Superví, Domingo Martínez Barrio, José Almoina, Alfredo de la Cuesta, N. Iñigo; a su izquierda: Alfredo Matilla, E. Romejano, Manolo Pascual y José Atoche.

Fuente: Monografía sobre "La emigración española al Caribe" de Antonio macías Hernández. Departamento de Historia e Instituciones económicas. Universidad La Laguna.

"Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945". Editorial Ariel. Barcelona, 1975.