¿Para qué Historia de familia?

Por Graciela Azcárate.

 

Con la última campanada del 31 de diciembre, con la última uva y el sorbo de sidra uno despide el año viejo como si despidiera un rencor. Recorre mentalmente doce meses de aciertos y errores, de desencuentros y oportunidades, revisa amores y odios, se pregunta si hizo todo lo humanamente posible, con  los hijos, el jefe, los compañeros y el marido si lo tiene. Se pregunta en que acertó y en qué falló, y sobre todo se prepara un mapa mental, lleno de buenas intenciones para encarar en el próximo año.

Cómo evadir al imprudente y oportunista, mejorar una marca intelectual, aumentar la armonía familiar, sustentar unas bases económicas decorosas y mejorar la calidad laboral.

No siempre uno se fija como meta fenicia ganar mucha plata sino que anhela cierta armonía interna que le permita sortear escollos y sentirse en plenitud.

Puede escribir en un papelito todos los errores y horrores del año viejo que se va, que con el fuego uno quiere carbonizar como si las recomendaciones esotéricas de Walter Mercado fueron un pasaporte seguro a la felicidad del nuevo año

En mi caso, con el último sorbo de sidra, con el abrazo a mis dos tesoros y mi pensamiento a muchos miles de kilómetros en una patria postrada recordé a mi profesor de antropología en una cátedra ya muy lejana en el tiempo pero presente aún por la enorme sabiduría que trasmitía.

Y lo pensé refiriéndome a mi trabajo periodístico, a mi labor de comunicadora y a mi responsabilidad intelectual.

Hace casi un año, en la reinauguración de Historia de Familia me pregunté ¿Porqué "Historia de Familia"?, a casi once meses de ese texto me preguntó ¿Para qué "Historia de Familia"?

En la cátedra de Antropología Social, hace ya más de 25 años el viejo profesor contaba  que "es una costumbre en el desierto de Kalahari, en Africa, que cuando un cazador obtiene una presa utilizando una flecha de otro, el animal pertenece al dueño de la flecha, éste será quien reparta entre la comunidad cuando el cazador vuelva al poblado". Se trata de los bosquimanos o los hombres Kung.

El antropólogo tomó una actividad central como la caza, para deducir los valores que rigen la vida de esa comunidad.

La intención del profesor era explicarnos  que no existe una organización natural o divina, sino  que sus miembros pueden estimular determinados valores, que en el caso de los Kung era la sobrevivencia de la comunidad por encima de la competencia.

En Australia central, cuando un cazador lleva una pieza al poblado es para repartir el beneficio en la comunidad. Traspolado a nuestra vida cotidiana y al nuevo siglo, es cómo usa el estado los aportes que sus ciudadanos hacen  a través de los impuestos y como ese ingreso se redistribuye en la comunidad.

Para los hombres Selkman de Tierra del Fuego era una costumbre que hombres y mujeres repartieran lo recolectado y cazado entre sus vecinos por ínfima que fuera la caza.

Es mejor que la comunidad esté alimentada y fuerte porque para sobrevivir deben ayudarse los unos a los otros.

Esas sociedades primitivas reflejaban lo que después se va decantando en el estudio  de los grupos sociales que integran una  sociedad.

Para qué sirve "Historia de familia" sino para la crónica   de los distintos grupos sociales y sus leyes internas para el buen vivir.

Cuando el viejo profesor terminaba la clase, muchos le decían que eso no tenía vigencia porque no éramos ni bosquimanos ni Senkel y vivíamos en  una sociedad que construye para el bien propio, con egoísmo, ventaja, diferencia y explotación.

Reconcentrado, se revolvía el bigote, se acomodaba unos gruesos lentes de aumento y con voz pausada decía:"Ustedes ya no son personas de la calle. Han entrado a un recinto y están en él para aprender a encontrar soluciones. Porque toda reflexión que afirme que alcanzar una vida digna es irrealizable le está vedada tanto al científico, al historiador, como al religioso y al artista, ya que su obligación, su razón de ser, es buscarla para todos".

Salvadas las enormes distancias, la voz del viejo maestro reafirma los compromisos que en cualquier vereda del accionar social debe defender un trabajador de la cultura.

A  largo de los meses, el prodigio del Internet me acerca a dos amigos entrañables, trabajadores de la cultura y "bosquimanos de la genealogía".

Dos cazadores Kung o Senkel que reparten  lo cazado para el bien de la comunidad. Uno es dominicano y el otro es de la provincia de Salta en Argentina, que desde 1994 empezó a organizar la genealogía de las familias salteñas.

Marcos H. Hernández Brea en "República Dominicana en el Proyecto Caribbean Gen Web" tiene una deliciosa página que te recibe con la bandera Dominicana, un gracioso gatito internauta y una frase del Dr. Larrazábal Blanco extraída de su libro "Familias Dominicanas" que dice: "No se debe hacer genealogía con intención heráldica, ni la de señalar familias hidalgas o importantes, todas las familias de un conglomerado social tienen importancia y las eleva la hidalguía del trabajo, la inteligencia bien conducida y las virtudes privadas y ciudadanas".

El salteño comenzó a construir la base de datos de genealogía a finales del año 1994. La memoria familiar y la información contenida en libros clásicos de genealogía salteña constituyeron las fuentes originales de ese trabajo que se fue incrementando y corrigiendo gracias a la aportación de personas que, interesadas en la nueva tecnología de organización de los datos familiares, pusieron voluntariamente a disposición la información genealógica de sus propias familias.

Don Fernando Figueroa, reconocida figura de la historia y la genealogía en 1996 pocos meses antes de fallecer compartió la información que poseía y se interesó por la técnica informática.

A partir de ese momento, la base de datos fue actualizándose periódicamente y sus nuevos registros compartidos a través de Internet, cada doce meses, con todos los interesados. Desde marzo de 2001, la base de datos es totalmente interactiva, de modo que sus fuentes son plurales y abundantes y agrega "nuestra búsqueda de datos genealógicos se circunscribe a aquella información de estricta relevancia genealógica, como el nombre, la fecha de nacimiento, el nombre del cónyuge y el de la descendencia. Por tanto, si bien es cierto que cualquier información sobre las personas es susceptible de poseer valor genealógico, tenemos por norma no incorporar a la base de datos información sobre las personas vivas que no resulten de utilidad básica para establecer las conexiones genealógicas (como las direcciones, los teléfonos, los títulos profesionales, los números de documentos y otros).

Pero agrega algo que nos retrotrae a un hombre Kung o Senkel: "debe tenerse en cuenta que la genealogía en Salta desempeña una importante función social e histórica. Por esta razón y porque estamos convencidos de que desde hace siglos la información genealógica es para Salta una importante referencia para las relaciones sociales, políticas y económicas, es que creemos que el resultado de nuestro trabajo no debe estar reservado a genealogistas o a historiadores y confinado a un sitio oculto destinado al uso exclusivo de aquéllos.

Al contrario, pensamos que este trabajo -que en realidad es un esfuerzo conjunto de muchas personas sólo interesadas en perpetuar la memoria familiar- debe ser compartido con las mismas personas que generan la información, con esa misma sociedad que produce a las familias y a los individuos que protagonizan su vida cotidiana. Desde este punto de vista, el trabajo genealógico que se publica en estas páginas tiene una finalidad exclusivamente periodística o de expresión artística o literaria, y en tal carácter, goza de la tutela jurídica que las constituciones, las leyes y los tratados internacionales sobre derechos humanos confieren al derecho a la libertad de expresión".

Más allá del tiempo, la distancia, los usos y costumbres, las sociedades y sus integrantes se unen en el bien común y como un primitivo bosquimano o fueguino puede disponer generosamente lo cazado. No importa si es una pieza de venado o el producto de la mente y el intelecto. Me comí la última uva, me subí al carro a la más vieja usanza asturiana y brindé por las familias que allá y aquí despliegan generosas las virtudes y hallazgos comunes de la tribu.